Ahora sí se despidió de la Primera División. No hubo jugada en mesa que pudiera salvar a La Bocana de su derrota 1-3 frente a Melgar. El 'Maretazo' tendrá que mudarse a la Segunda en el 2017 con su mascota incluida.
Jair Villanueva | @Jair_Villanueva
Editor

Aferrado de la mesa que ha desvirtuado el desenlace del Descentralizado, La Bocana mantuvo la esperanza de quedarse en Primera División. Una ventaja administrativa para un equipo que fue caótico de cabo a rabo en ese aspecto durante todo el año. Por ello, su último lugar en el Descentralizado era merecido.

La Bocana, con tres técnicos distintos en un año, enfrentó a Melgar con un técnico -el mejor de los nacionales para quien escribe- en tres años distintos, Juan Reynoso. Chocó ante un club que, además, ha sostenido una propuesta de juego con la obligada planificación administrativa para que se traduzca en tranquilidad deportiva. Esa diferencia se refleja en la tabla con Melgar puntero y La Bocana último -y descendido-, y también lo hizo en la tarde de Bernal.

Melgar tuvo la rotaciones de siempre: dinámicas y bien delineadas por jugadores con constante lectura del juego. En ese sentido, Omar Fernández y Alexis Arias fueron los más destacados para tomar tres funciones distintas dependiendo del juego: darle amplitud como extremos, profundidad como interiores y presencia en el área como atacantes. A partir de ellos, Nilson Loyola y Dahwlin Leudo se desplegaron al ataque, mientras que Bernardo Cuesta y Sebastián Bravo crearon los pasillos para dejar el área a quien se anime a pisarla, mientras ellos fijaron y distrajeron a sus marcadores de turno.

El juego dinámico de Melgar se llevó por encima a La Bocana. (Foto: Hugo Silva / diario La Hora de Piura) 

Con estos movimientos ofensivos, Melgar ha demostrado, con mucho más énfasis que cualquier equipo peruano, que cuando se habla de una idea, propuesta, estrategia o cualquier aspecto del juego, es incorrecto quedarse solo en cuatro números enlazados (4-2-3-1, 4-1-4-1, etc) que son apenas un indicador de la zona en la que un futbolista puede hacer su tarea en alguna determinada transición. Esa lista de números no resuelven el cómo juega un equipo.

Pero La Bocana parece la antítesis de lo postulado. Sí parece hecho para lo estático. En el campo, sobre todo en el primer tiempo, fungió cual equipo de fulbito de mesa. Dos nueves desconectados, dos líneas de cuatro que miraron sin saber qué hacer ante la dinámica posicional de Melgar, y solo un volante, Sidney Faiffer, que se salió de la rigidez de once jugadores que no han podido conformar un equipo en esta temporada, y esperará a hacerlo en la siguiente, pero en la Segunda División de la cual ya no puede escapar.

>>>Clic aquí para leer más: ¿Por qué La Bocana está obligado a jugar la Segunda el próximo año?

Faiffer, el autor del descuento, fue el único esfuerzo regular de convertir en un colectivo a La Bocana. Luego, Manuel Heredia y Roberto Jiménez lucharon en cada área ante la ineficiencia de sus compañeros. También cabe resaltar, en la despedida del 'Maretazo', a Wilmer Aguirre y su tarea continua en ataque desde una banda. Sin embargo, los esfuerzos individuales del local no aguantaron al equipo con la mejor propuesta colectiva del torneo, que aun cuando se encuentra en una peligrosa zona de confort, doblegó 3-1 con facilidad al último, descendido -de nuevo- y vapuleado La Bocana, que el único lujo que se dio fue morir dos veces.

Las Fotos

Los goles

Foto: Hugo Silva / diario La Hora de Piura


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