En una sola tarde, Cristal se sacó de encima la mufa de no poder ganarle a Municipal y de no vencer en más de un mes. Pero más que eso, el 1-3 lo deja primero -por un gol a favor- de cara a la fecha simultánea que decide las semifinales y le deja una enorme lección: a veces, ganar sí es lo más importante.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Un solo triunfo en siete partidos jugados desde su último enfrentamiento ante Deportivo Municipal y, además, la atípica racha de llevar 5 partidos ante los ediles sin poder vencerlos. El lastre estadístico era pesado para Sporting Cristal de cara a su visita a Villa El Salvador, pero más todavía lo era la exigencia numérica de la tabla de posiciones. Ocurría que la derrota de Melgar ante Aurich dejaba a los celestes la ventana de superar a los rojinegros en la punta -antes del duelo que mide a ambos en la última jornada- con un reto específico: una victoria por dos o más goles de diferencia sobre la 'Academia'.

Quién sabe si por eso, con el correr de los minutos, Cristal fue menos parecido al de todo este año y más bien procuró ser un equipo práctico, que asumió su rol de visitante y buscó con convencimiento hacer negocio antes que lucir sus ideas. La seguidilla de goles tempraneros no lo deseperó: al penal convertido por Carlos Lobatón -empellón de Armando Alfageme sobre Édison Chávez, no muy fuerte pero sí evidente- lo sucedió otro transformado en gol por Pablo Lavandeira -tras mano clara de Pedro Aquino ante tiro de Javier Núñez-. Pero los cerveceros no fueron por frenesí por el segundo, sino que aquietaron la pelota

Dos goles madrugadores, a la luz de lo ocurrido el miércoles 25 en Ayacucho, no eran presagio necesariamente de un partido abierto: y así ocurrió, pues tanto ediles como celestes atiborraron el mediocampo y, por absorción, trabaron el trámite. Los de la franja, con un 3-4-2-1 en el que el novel Patrick Alva se paró a la izquierda de Alfageme y en el cual Núñez, una vez más, fue de lanzador junto a Lavandeira; acaso en ese ida y vuelta constante del jugador formado en las canteras de Universitario la 'Academia' gana potencia, pero pierde variantes creativas como el buen pie de Luis García, a quien le faltó tiempo para cambiar la historia cuando ingresó. Cristal, por su parte, trabajó con una atípica propuesta que por momentos presentó cuatro hombres al fondo y por otros, con Revoredo recogido de back, acabó formando un 3-1-4-2, en la que Aquino, Lobatón y Calcaterra poblaban el medio.

Velasco no dio espacio para los lanzamientos largos de Municipal. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com)

En función de lo descrito, la temprana lesión de Sergio Moreno -infortunada, pues suele ser suplente y esta vez que le tocó el titularato debió dejar el campo temprano- le varió el libreto a Marcelo Grioni más que lo que podría suponerse. En un partido así de enrevesado en mediocampo, el panameño podía ser más autosuficiente para buscarse por sí mismo las oportunidades. En cambio, con Maximiliano Velasco en el campo, 'Muni' nunca tuvo el espacio para los lanzamientos largos que alimentan la carrera de la 'Chancha' hacia el gol. Encima, ninguno de los dos equipos -ni siquiera el propio Lobatón cuando estuvo en el gramado- se animaron a probar desde fuera, por lo que las ocasiones se hicieron escasas.

A Mariano Soso, en ese punto, cabía espetarle un poco más de lo mismo de siempre: jugar sin hombre de área -por ausencia física de él o por no disponer el juego en función de él, pues ambas cosas han ocurrido en el año-. Esta vez, sin un solo delantero neto en lista de dieciocho, se esperaba que para Cristal el gol pudiera llegar por cualquier vía menos por la áerea. Pero cayó así, y no por oportunismo sino por método: uno basado en aprovechar una debilidad del rival. La defensa de Municipal, ante los centros por arriba, avanza y retrocede en bloque, sin tomar marcas personales. Eso lo entendió Soso y por eso en los dos centros que derivaron en los tantos cerveceros, Cazulo, el último hombre y el menos acostumbrado al área rival, estuvo libre para, en un caso, cabecear, y en el otro amagar hacerlo para confundir a Velasco y forzarlo a anotar en propia puerta. 

El aprendizaje que un partido así le deja a Cristal, en consecuencia, es valiosísimo. Porque como pocas veces ocurrió en el año y sin duda nunca con tanta claridad, le cedió la batuta del partido al rival en procura de explotar su error. Y lo hizo, además, porque necesitaba un resultado específico que acabó consiguiendo a costa completa del rival: ese autogol de Velasco significó la llave que Cristal necesitaba para que el domingo el empate ante Melgar le sirva, y opera casi como búmeran que pone a los propios ediles como muy posibles rivales en semifinales. Así, de cara a las semifinales, la lección ha quedado clara en La Florida: jugar en función del otro también vale y no está prohibido en el reglamento ni es pecado. Quedará en el banquillo la voluntad de querer aplicar tal enseñanza.

Las Fotos

Los goles

Fotos: Raúl Chávarry / DeChalaca.com


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La ficha del Municipal 1 - Cristal 3

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