Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comCon el inicio del Torneo del Inca, se pone en marcha a un Descentralizado 2015 que tendrá a 17 equipos. La única vez que nuestra Primera División contó con esa cantidad de participantes fue en 1983, año económicamente terrible para los clubes y con líos entre la ADFP y la FPF.

 

Regresa el fútbol peruano. Esta vez en medio de la que, acaso, es una de las peores crisis futbolísticas que se recuerden: con derrotas dolorosas que marcan una pauta del nivel en el que estamos dentro del contexto sudamericano, con ambientes enrarecidos entre los clubes llamados grandes, sin un horizonte claro en torno a la selección y sus categorías juveniles y con una revolución dirigencial desde la llegada de Edwin Oviedo a la FPF que, más allá de las buenas intenciones, resultan un albur.

Así, en medio de la ola negativa que, dicho sea de paso, se refuerza constantemente por el tratamiento sensacionalista de lo irrelevante de la información, el aficionado futbolero le pone el cierre de persiana simbólico a sus vacaciones para engancharse con nuestro torneo doméstico, que incluye novedades como la vuelta de dos clubes representativos en Primera como Deportivo Municipal y Alianza Atlético y la reciente -y loable- presentación de la programación, con horarios incluídos, de todos los partidos del Torneo del Inca, el primer torneo del año, en una temporada que volverá a tener 17 clubes en la órbita. Dicho número, por cierto, solo tuvo un antecedente en los torneos de Primera División: fue en 1983, en plena etapa postmundial de 1982 que dejó consecuencias calamitosas para los clubes y que generó una serie de confrontaciones. 

¿Por qué se jugó con 17 equipos en el Descentralizado 1983? Todo devino, justamente, de la grotesca dejadez de parte de la ADFP en el año anterior, con un torneo Interzonal que le interesó a pocos, que sirvió prácticamente de transición mientras se disputaba el Mundial, y que ocasionó que los clubes dejen de competir en serio por más de siete meses. A continuación, toca recordar las circunstancias que llevaron a que la temporada 1983 sea -hasta antes de 2015- la única que incluyó, de modo inesperado, a 17 participantes.

En 1983 el torneo entró en un enredo pero se llegó a realizar. Aquí un encuentro entre Atlético Chalaco y Huancayo FC (Recorte: diario La Crónica)

La madre del cordero

Tras un desastroso Regional en el que no participaron todos los clubes de Primera por problemas económicos y con partidos que no se completaron, pasando por la discreta participación de Perú en España 1982, el torneo local había caído en la lona en términos monetarios, ya que formalmente hubo un período de inactividad de más de seis meses, razón por la cual se había desatado una crisis que hizo que la ADFP, gracias a un proyecto elaborado por el delegado de Melgar de ese entonces, Rizal Bragagnini, y el dirigente aliancista Walter Lavalleja, reaccione y apruebe un sistema de emergencia para llevar a cabo la temporada 1982: un torneo regional en tres grupos y que incluía tres fases; la última de ellas un cuadrangular que otorgaba el título y las clasificaciones a Copa Libertadores.

Para ese entonces la Primera División contaba con 16 clubes, por lo que los equipos se dividieron en tres zonas (Norte -5 equipos-, Sur -5 equipos- y Metropolitana -6 equipos-): de allí clasificaban 10 equipos a las semifinales, que se jugaban en dos grupos de cinco, y luego de cada sector avanzaban dos equipos al Cuadrangular Final que estuvo en el ojo de la tormenta. ¿Por qué? Porque sobre la marcha la ADFP, con las bases en juego, dio cuenta de que tenía un problema de financiación para encarar el campeonato y solicitó a la FPF aumentar a seis el número de finalistas en la liguilla final. Tal disposición fue negada a la ADFP, presidida en ese entonces por Augusto Moral, y a partir de allí surgieron los entrampamientos.

La ADFP, que ya había considerado la opción de que en esa temporada no exista la baja por un tema de igualdad de condiciones para todos los clubes, que llegaban en desventaja y desmejorados económicamente, encontró su fórmula para sustituir el desbalance económico que sufrirían al no tener la chance de encarar la liguilla final con seis equipos. Así, pues, generaron un sobreprecio de las entradas de 500 soles a los tripletes que tengan como partido estelar a la U y Alianza y 300 cuando sean tripletes normales. Pese a que tal opción había tenido el visto bueno del IPD, la FPF denegó la petición y la ADFP, evidentemente mortificada, pretendió desafiliarse del máximo ente del fútbol peruano.

Comitiva de la ADFP comandada por Augusto Moral  (Recorte: diario La Crónica)

Tal posición de la ADFP hizo que la FPF, presidida por Alberto Espantoso, adopte medidas radicales, como la de no oficializar el Descentralizado, situación que iba a impedir a los clubes peruanos su participación en la Libertadores de 1983, y hasta incluso no programó a los árbitros de la jornada. Un verdadero caos. Todo esto ocurrió cuando ya se había jugado una fecha de la etapa semifinal y que terminó de paralizar el campeonato por un mes. Felizmente, gracias a la intervención del IPD, pero sobre todo de Teófilo Salinas, por ese entonces presidente de la Conmebol, el conflicto terminó y se aceptó reanudar la competencia con una serie de exigencias económicas que, sobre el papel, beneficiarían a la ADFP y a la FPF.

La hora del enredo

Como ya se señaló, aquel torneo improvisado de 1982 se disputó con 16 equipos pero con la posibilidad de que se anule el descenso. Esta última opción, al final, fue variada por una figura que permitió darle cierta actividad a la mayoría de los clubes que quedaron al margen de las semifinales: jugar una liguilla por la baja, pese a que técnicamente no había una perdida de categoría. ¿Entonces? Lo que se generó fue un experimento que podía hacer posible el descenso, pero solo con un 50% de posibilidades: que los dos últimos equipos de cada una de las tres zonas se agrupen en un solo minitorneo y de allí, solo el último, tendría que irse a una repesca contra el campeón departamental de su localidad, pero que no tenía derecho al ascenso.

De más está decir de que, antes de este agregado en las bases, se había especulado mucho en torno a cómo se jugaría un torneo que no tendría baja y del que, irremediablemente, iba a llegar a los 17 equipos en vista de que solo estaba garantizado el ascenso de Atlético Torino por haber sido campeón de la Copa Perú 1982. En su momento, todo ello generó mucha controversia. Es más, cada día que pasaba parecía ser cierto que -cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia- se iba a ampliar el cupo a 18 y que ese privilegio lo iba a tener el subcampeón de la Copa Perú, que había sido Atlético Grau.

Atlético Torino era el llamado a ser el equipo 17 del torneo, tras su ascenso de la Copa Perú de 1982(Recorte: diario La Crónica)
Al final nada de eso ocurrió, y ya con el torneo en marcha, Deportivo Junín terminó siendo el peor equipo de la liguilla por la baja, por lo que disputó la repesca ante el Mariscal Castilla de La Oroya, el campeón departamental de Junín, pero el saldo fue fructífero: ganó 1-2 en la ida en Jauja y 5-0 en la revancha en la 'Incontastable', con lo que aseguró su presencia para el Descentralizado de 1983 y confirmó lo temido: que la temporada venidera se jugaría con 17 clubes. Aquellos partidos se disputaron a fines de febrero, y mientras Universitario (campeón) y Alianza Lima (subcampeón) celebraban sus clasificaciones internacionales, ya se empezaba a palpipar una nueva temporada en la que, a la luz de lo observado, se iba a tener que ver con pinzas la situación financiera de todos los participantes.

Camino a la lona

"Contra viento y marea se inicia el Descentralizado", fue lo que tituló La Crónica en su edición del 1 de abril de 1983, a dos semanas del arranque del torneo de Primera División de ese año. El mensaje era claro: a esas alturas del año, los clubes el torneo parecían caerse a pedazos porque o estaban al borde del colapso o ya se encontraban en la bancarrota. El déficit en las arcas les impedía armar sus planteles, de manera adecuada, a la mayoría de los participantes, por lo que no existía mucho entusiasmo en torno a la competetividad en esa temporada.

Además, también había escasez de dinero para que los clubes puedan costear sus viáticos y sus pasajes, por lo que la situación era insostenible: las crónicas de la época ya anticipaban la paralización del torneo antes de la primera rueda por la falta de recursos para solventar los costos y también a la ínfima expectativa en medio de una situación caótica del fútbol peruano que había quedado expuesta en en la participación de los clubes peruanos (Universitario y Alianza) en aquella edición de la Copa Libertadores.

El titular que enmarcaba el inicio de un torneo mal esperado (Recorte: diario La Crónica)
Es más, hasta la Federación Peruana de Fútbol y el IPD, en una clara muestra de sus buenas intenciones para con el fútbol profesional, acordaron devolverle a la ADFP lo correspondiente al 15% y 13% de impuesto por cada taquilla del Descentralizado para que así los clubes puedan financiar sus pasajes. Y como para redondear la reciprocidad para salvaguardar los intereses de los clubes, apareció la figura de 'Lucho' de Souza Ferreira, en ese entonces delegado de Alianza Lima, para mediante su empresa particular encargarse de gestionar el transporte de los clubes para los viajes con créditos extendidos que él mismo manejaba. Así, en medio de esa coyuntura, es como se vivió el arranque del Descentralizado 1983.

Parecidos pero diferentes

¿Aquel torneo de 1983 con 17 equipos tenía alguna similitud con el de 2015? En realidad ninguno, más allá del mismo número de participantes. Para empezar, aquel Descentralizado, que volvió al enfrentamiento de todos contra todos tras un año en el que se experimentó con un certamen regional que luego agarró terreno durante la nefasta época de 1984 a 1991 con los regionales de Ricardo Miranda Tarrillo ('Rimita'), tenía un formato sencillo, de 32 fechas y una posterior liguilla de cinco jornada para los seis mejores de la etapa regular. Pero eran otros tiempos.

El sistema de aquel Descentralizado de 1983 con 17 equipos fue así: se jugaban un total de 34 fechas, en enfrentamientos de todos contra todos en duelos de ida y vuelta en el que los 17 participantes totalizaban 32 partidos (descansaban en dos ocasiones). Al cabo de la última fecha, el equipo que ocupó el primer lugar se convertía en el primer clasificado a la Copa Libertadores y además accedía a la liguilla por el título con tres puntos de bonificación. El segundo y el tercero de esa clasificación avanzaban a la liguilla con dos y un punto de bonificación, respectivamente, y los otros tres clasificados ingresaban sin unidades. Finalmente, los dos últimos, que terminaron siendo Aurich y León, perdieron la categoría.

Luis de Souza Ferreira en plena gestión de créditos para los clubes en 1983 en la ADFP  (Foto: revista Flash Deportivo)

El primer partido de aquel Descentralizado fue el 16 de abril de 1983: un Municipal 1 - Huancayo FC 0 (nombre reconvertido del Deportivo Junín) que se definió con un gol de Eduardo Malásquez. Asimismo, un total de seis partidos (Ugarte - Torino -fecha 5-, Huancayo FC - UTC -fecha 17-, Ugarte - León -fecha 21-, UTC - León -fecha 28-, Aurich - Ugarte -fecha 29- y UTC - Huancayo -fecha 34-) no se disputaron porque problemas de desplazamiento que los clubes no pudieron costear, por lo que en todos los casos se resolvieron con un 2-0 a favor de los locales. Además de Melgar, el mejor de la etapa regular, Cristal, Universitario, Municipal, CNI y Atlético Torino fueron los clubes que accedieron a la liguilla final.

En esa última instancia, como ya se señaló, se disputaron cinco jornadas integras en el estadio Nacional. Allí Cristal hizo puntaje perfecto, con cinco triunfo en igual cantidad de presentación y, además de coronarse campeón nacional, fue el otro clasificado por Perú a la Libertadores de 1984. Melgar, que ya había accedido de manera previa al certamen continental, se quedó con el subcampeonato.

¿Aquel formato era aplicable en la actualidad?

Si bien aquel torneo de 1983 duró, sin parar, por un lapso de ocho meses, era la mejor salida al paso para armar un campeonato con un número impar de participantes, algo que por ese entonces era inédito para un torneo de Primera División en el contexto local. Además, en otro punto a considerar, ese Descentralizado registró un total de 287 partidos (272 en la fase regular y 15 en la liguilla por el título), cantidad lejana a la cifra que en 2015 se exige de parte de los dueños de los derechos de televisación (340), algo que por ese entonces no existía y que más bien habría caído como anillo al dedo ante la caótica situación económica que atravesaban los clubes.


El primer partido del campeonato de 1983 lo disputaron Municipal y Huancayo FC. La cantidad de partidos con el actual reglamento de televisión hubiera cambiado un poco la economía de los equipos en ese momento (Recorte: diario La Crónica)
No obstante, con sus problemas y todo lo señalado, aquel Descentralizado 1983, que se jugó a largo aliento, tuvo su atractivo y sin duda imitarla habría resultado en una mejor opción de lo que se ve en estos tiempos con un Torneo del Inca de poca relevancia y dos torneos posteriores (Apertura y Clausura) que solo refuerzan más la idea del cortoplacismo. Capaz con una variante de Copa, que suceda al formato del Torneo del Inca y que se juegue a mitad de año, en plena Copa América, podría haber permitido superar el número restante de partidos (53) que se exige por temporada. Lo más relevante de todo es que, a fin de año, verdaderamente se habría premiado a los clubes que de manera regular hicieron mejor las cosas en el año.

Esa, pues, fue la historia del Descentralizado 1983, el único que se disputó, hasta antes de 2015, con 17 equipos. Y en uno de los momentos en que la económia, así como en el fútbol, ya afectaba de manera considerable en la sociedad peruana. Se empezaba, por cierto, a dar pase a los regionales, los mismos que en 1984 se incorporaron y terminaron de retrasar, colapsar y torpedear al torneo local hasta hacerlo tocar fondo. Hoy, con otra realidad estructural pero en medio de una crísis futbolística no tan desigual a la que se vivió en aquella temporada, la Primera División vuelve a vivir un torneo con 17 participantes. Lo único seguro y que se puede afirmar es que no va a aparecer otro 'Rimita' que, en un mediano plazo, vuelva a extender la cifra hasta llegar a los 44 clubes en la máxima categoría. 

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Recortes: diario La Crónica; Foto: revista Flash Deportivo


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