Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comAlianza Lima enfrenta el riesgo de sumar una década sin títulos este 2016. ¿Está el cuadro íntimo en capacidad de culminar con la sequía y alejar los fantasmas del trauma de un pasado no muy lejano?

 

En 1978, Alianza Lima celebró por quinta vez en su historia un bicampeonato de la mano de la generación de futbolistas más próspera del equipo y, en gran medida, de todo el Perú. A continuación, el equipo blanquiazul se enfrentó a los peores años de toda su historia. Fueron diecinueve temporadas seguidas sin títulos que enlutaron a un grande del país no solo por la ausencia de coronas sino por la pérdida de un equipo querido por su pueblo. La revancha llegó en 1997 y a partir de entonces Alianza cambió de cara en el futuro inmediato.

Vencido ese fantasma, Alianza pasó a ser el equipo más ganador del fútbol nacional en la década pasada. Sumó cuatro títulos nacionales más y dos de ellos conformaron un bicampeonato. El año 2006 asistió al último de estos títulos y con la llegada de este nuevo año se hizo presente un viejo y doloroso recuerdo: la racha sin levantar copas. Por eso es imperativo, llegada la década sin títulos, plantearse preguntas sobre el presente y el futuro inmediato del equipo. Las resumimos todas en una: ¿cómo puede prepararse Alianza para afrontar la eventualidad de una década sin títulos?

En la cabeza

El análisis, inevitablemente, debe conducirse por dos líneas. La primera, la que lleva a indagar en el sentimiento blanquiazul, en lo que significa ser objeto de críticas y bromas que evocan un pasado no lejano y que afecta de verdad a su hinchada por tener mucho de cierto. Alianza recibe la década sin campeonatos nacionales en un momento nada positivo, ni en lo futbolístico ni en lo económico.

Alianza se encuentra necesitado de un título. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

La evidente baja de nivel del equipo victoriano en los últimos tiempos ha tenido mucho que ver con la crisis interna –tanto económica como administrativa– que atraviesa el club desde hace ya varios años. Alianza perdió el rumbo dentro de la cancha por los escándalos y las desconcentraciones que se dieron fuera de ella, pero que inevitablemente resonaron en todo Matute. El mal clima político y el bajo presupuesto, más allá de que la respuesta sea que con corazón todo se puede, definieron lo que sucedería y lo que no con el equipo.

Por eso la clave para afrontar una década sin títulos nacionales está en la cabeza. La de los dirigentes, jugadores e hinchas. Pasa por reconocer una realidad que de nueva tiene poco; pasa por ser consecuentes con el momento que se atraviesa para que jugadores e hinchas no se agarren a golpes ni bien comienza el fútbol, como lamentablemente sucedió en 2015. Pasa, más que nada, por mantener la cabeza fría y enfocar bien los objetivos. El éxito externo no puede darse sin la compañía del orden interno, y de esto último a Alianza todavía le falta.

Si los objetivos se trazan adecuadamente, sin exigir premios de manera desmedida solo porque “así lo reclama la historia del equipo”, este 2016 puede ser un buen año para Alianza. Siempre que la hinchada y el equipo estén en sintonía, el camino está libre para dar pazos aun más grandes y más firmes. Para recuperar los títulos es necesario recuperar la identidad y el estilo, y parece que por la segunda línea de análisis Alianza viene todavía mejor.

En los pies

Alianza perdió el recurso del toque al suelo. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

El fútbol. El toque por el suelo, la pared, la fiesta en la cancha. Conceptos que al evocarse resultan incuestionablemente ligados al fútbol histórico de Alianza. Algunos lo llaman el estilo; otros, más sentimentales, la naturaleza. La verdad es que ya sea uno u otro, durante los últimos años Alianza se alejó de lo suyo.

Por eso este 2016, en lo que a fútbol se refiere, parece sonreírle. Alianza está en proceso de construcción de un equipo que mezcle sabiduría con picardía, experiencia con ímpetu, el fútbol de su casa con la victoria hoy ajena. Con el recuerdo de 2015 y las idas y venidas de técnicos, la directiva blanquiazul ha decidido apostar por un proyecto que, más allá de no gustar a todos, tiene lo que el equipo necesita: carácter propio.

Por eso la apuesta por Roberto Mosquera. Por ser un técnico con rasgos marcados y un estilo que no traiciona. Porque si Alianza necesita algo para afrontar 2016 es tomar una decisión y morir en su palo. Y, mal que bien, Mosquera es un entrenador que le puede -empezar a- devolver a Alianza el sentimiento de tener una identidad única y propia.

Mosquera tiene la presión de un club popular. (Foto: Andina) 

Lo de Mosquera, sin embargo, no viene solo. Las buenas intenciones deben estar acompañadas por acciones que confirmen la vía tomada, que afiancen los ánimos ilusionados. Las contrataciones de este año así lo demuestran: Pajoy, Pando y ‘Cachito’ Ramírez llegan a La Victoria para darle nuevos aires al equipo. También están los que pegan la vuelta -y, por tanto, los que más ilusionan-: el ‘Colo’ Ibáñez, ‘Neka’ Vílchez y Montaño, entre otros. Alianza se arma hasta los dientes para satisfacer a la vez a su público y a su sed de victoria. Si en la cabeza las ideas sobre cómo afrontar este momento aún no están del todo claras, en los pies no resta nada por definir.

¿Objetivos sensatos?

El hincha impetuoso responderá de inmediato que Alianza está para campeón. Que el equipo y la historia así lo demandan. Puede ser cierto que un equipo grande se debe a sí mismo y a su público estar siempre arriba, pero no hay que apresurarse. Son estos los momentos que requieren decisiones tomadas con cabeza fría.

Alianza no está para campeón. No lo está porque la casa sigue desordenada, porque la crisis no ha desaparecido, porque la presión sigue incrementando y, con ello, una mochila que cada vez se hace más difícil de sostener. ¿Quiere decir esto que el equipo blanquiazul no puede salir campeón? Tampoco, y la diferencia entre ambas respuestas es más que una simple sutileza.

Este equipo no está para ponerse metas futbolísticas sin tener en cuenta el panorama completo. La presión debe ser la adecuada y los resultados deben ser consecuencia de una mejora exponencial. Si dentro de esas buenas intenciones y decisiones adecuadas sobrevienen los buenos resultados y arrojan a fin de año un Alianza Lima campeón nacional, entonces será bueno para el club. Después de todo, vistos los nombres del plantel, Alianza parece listo para irse a la guerra. Pero no sin antes establecer, de manera clara y de modo consecuente con el presente, cuál es su estrategia para lanzar los ataques.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: Raúl Chávarry / DeChalaca.com,  Andina


Comentarios (1)add
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escrito por Aguilag , enero 11, 2016
Por su historia y arraigo popular el Alianza este año debe campeonar, máxime si esta reforzandose aceptablemente y tendra como técnico a un sujeto que si bien no goza de mi total simpatía, sí sabe hacerla en el medio doméstico...
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