Foto: infobae.comUna gran interrogante para el año que comienza: el tránsito del 'Diez' al banquillo de técnico de la selección argentina.

 

El Diego, 'Pelusa', o como usted quiera llamarlo, ha asumido como director técnico de la selección argentina. Su llegada se enmarca en el desembarco de los jugadores albicelestes de la generación de 1986 a puestos de conducción técnica en los combinados nacionales, junto a Carlos Salvador Bilardo.

Es una apuesta que ha jugado Julio Grondona, presidente de la AFA. Diego Armando Maradona trae consigo su bagaje como ex jugador de la selección argentina campeona del mundo, sus conocimientos de sobra respecto a participar en eliminatorias, mundiales de la FIFA, clubes europeos, de los grandes y los pequeños. Pero también una corta y no muy eficaz tarea como entrenador de los clubes argentinos, como Deportivo Mandiyú y Racing Club. 

Sin perjuicio de ello, si analizamos la actuación de Franz Beckenbauer, como jugador y entrenador nacional, creo que allí encontraremos un ejemplo. Campeón del mundo en el mundial 1974 como jugador y en el mundial 1990 como entrenador. Creo que junto a Mario Lobo Zagalo (jugador 1958 y 1962; entrenador 1970), han sido los únicos que cosecharon éxitos en ambos lados de la cancha. 

Luego, otros grandes ex jugadores probaron suerte, pero ella les ha sido esquiva. Podemos citar los casos de Roque Gastón Máspoli (campeón 1950), Daniel Passarella (campeón 1978) y Dino Zoff (campeón 1982), entre otros, quienes han conocido la gloria como jugadores pero no pudieron triunfar calzando el buzo de director técnico. 

Para comprender un poco como será el Maradona entrenador, podemos citar algunos párrafos de su libro autobiográfico "Yo soy el Diego", donde señala que su mayor orgullo siempre ha sido jugar en la selección argentina.

Entre otros conceptos, decía textualmente: "Siempre, por más millones de dólares que me pagaran en el club que estuviera. Nada de nada era comparable. Nada. Porque el valor del seleccionado no se compara con la plata, se compara con la gloria". Luego, afirmaba en términos que me sonaban a proféticos y que evidencian su idea: "Y esto me encantaría que se lo metieran en la cabeza los chicos de hoy y los chicos de mañana: no podemos regalar la mística del futbolista argentino y la camiseta celeste y blanca". 

A su vez, hace referencia a sus compañeros de ruta: "Y así como yo me puedo sentir dolido, lo mismo pueden decir los Ruggeri, Pumpido, Olarticoechea, Giusti, Goycochea. Con ellos nos reuníamos para luchar por la selección...."; "no hay cansancio, vos estás representando al país, ¡es el orgullo más grande que podés tener !; ... "y esto es lo que pretendo que se entienda: no puedo aceptar que no se sumen a la selección porque están cansados, lesionados o porque los clubes que los contrataron les pagan millones de dólares...". 

De sus palabras se desprende que la prioridad número uno será la selección argentina por sobre los clubes, como en las épocas de Menotti y Bilardo. Esa selección que tendrá que disputar una cantidad de partidos para llegar a jugar el mundial de Sudáfrica.

Pero por suerte Diego Maradona no estará solo en esta empresa. Lo acompañan un grupo de jugadores que participan en las más importantes ligas del mundo. Baste mencionar a Heinze, Tévez, Aimar, Saviola, Demichelis, Carrizo, entre otros, que están entrenados y preparados para disputar partidos importantes. También tendrá especial atención sobre los jugadores que disputan el torneo local, el cual no debemos olvidar, que nutre a la selección y a las mencionadas ligas más importantes del planeta. 

Es una oportunidad única que Maradona ha recibido para realizar una nueva resurrección de su vida. Dirigir al seleccionado argentino, al que llevó a conquistar un campeonato mundial y un subcampeonato mundial, como jugador. Enfrenta un desarrollo de eliminatorias, que todavía no ha encarrilado hacia la clasificación asegurada, pero que cuenta con el apoyo popular. 

Si logra canalizar todas sus cualidades positivas en la realización de su tarea de entrenador, existen serias esperanzas de lograr el éxito. En cambio, si triunfan aquellos aspectos negativos de su persona, el fracaso de la gestión puede ser mayúsculo.

En síntesis, el seleccionado argentino ha quedado "en las manos de Dios", ni más ni menos, para "darle una alegría al corazón de la gente".

* Carlos Torcasio es abogado y corresponsal en Buenos Aires de la revista Don Balón España

Foto: infobae.com

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