Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com 

"Le queda grande la camiseta", mascullaba con cierta resignación y rabia mientras lo miraba de reojo un jugador peruano -cuyo nombre no se revelará- al momento de caminar hacia el vestuario del 'Nou Camp' de León. Sucede que no es muy alto para ser ariete: mide 1 metro y 76 centímetros. Tampoco es corpulento: lo suficiente para no ser ligerito para el choque, pero tampoco un mastodonte. Y pese a eso eso, es potencia; y con todo eso, es puro gol.

Su nombre completo es Gerhard Müller (Nördingen, 3 de noviembre de 1945). Pero de cara a los arqueros rivales es apenas Gerd, palabra con una sola letra más que tor. Y de cara a las redes es un embajador nada diplomático del Blitzkrieg: un portatorpedos brutal, capaz de liquidar en apenas 20 minutos a un país poco acostumbrado al bombardeo aéreo. Piedad hubo que pedirle al goleador de la Copa del Mundo, que eligió a Perú como la piñata de turno para elevar sus cifras anotadoras en este torneo a siete, con tres disparos certeros sobre el victimado Luis Rubiños.

Este hijo de Baviera atraviesa un momento exultante en su carrera: ha sido tres veces goleador de la Bundesliga en los últimos cuatro años con el Bayern Münich. Para los alemanes occidentales, es el tipo de definidor que les faltó hace cuatro años en Wembley para asegurar un título que parecía inminente. Es posible que México sea un terreno más amigable que Londres para consumar ese cometido. Por ahora, queda disfrutarlo de reojo con la camiseta de Perú que le fue intercambiada, pensando lo lindo que sería que algún día la blanquirroja tenga un delantero goleador de sus características. Si aunque sea pudiera algún día formar a un '9' peruano y dejarle enseñanzas... Soñar cuesta nada.

Ilustración: Lenin Auris / DeChalaca.com


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