Foto: Álex Melgarejo / DeChalaca.comLa realidad superó a la ficción: ante un estadio repleto de hinchas de UDA, Molinos El Pirata se robó el trofeo de la Copa Perú con un contundente 6-0. Álex Valera, reubicado como volante, fue la gran figura de un gran colectivo que convirtió al equipo de Juan Carlos Bazalar en el sexto club lambayecano en llegar a Primera División.

Vctor Trejo | @victoraul80
Redactor

En días en que se ha hablado de títulos sentimentales, no faltaría razón a quienes quisieran recompensar a los cientos de hinchas de UDA que abarrotaron desde muy temprano las gradas del estadio Nacional. Ya desde el mediodía el coloso de José Díaz se había vestido de amarillo y azul. Los hinchas de la escuadra de Ascensión cantaban añorando ver por primera vez a un equipo de Huancavelica en el fútbol profesional. Pero su sueño terminaría en pesadilla.

Ajeno a esas intenciones, estaba un despiadado Molinos El Pirata, que en honra a su nombre salió con todo a conquistar el cupo a Primera. Los de Juan Carlos Bazalar estaban plenamente al tanto de que necesitaban una victoria por solo dos goles de diferencia para salir campeones, y desde el pitazo inicial acosaron de forma incesante la guarida de Nijal Gutarra. El primero llegó a los 5‘ y los demás, por caída libre.

Álex Valera, con su doblete, fue el principal artífice de la  goleada: su habilidad para los pases en profundidad acompañó siempre los ataques corsarios. El acierto de Bazalar fue reubicar al zurdo en su función primigenia de volante ofensivo, porque aun cuando el también jugador de futsal tiene mucho gol, le conviene contar con el mayor espacio posible para ensayar sus remates. Que esta vez fuera en su demarcación natural no solo permitió que Jorge Esparza pudiera iniciar acciones como segundo punta junto a Yoffré Vásquez -quien marcó el primero- en un sistema de doble '9' netos; también facultó que Valera se convirtiera en un eficaz espejo para lo que Alejandro Ramírez hacía por derecha, perfil que conviene más a 'Jarrita'.

Jossimar Serrato superó a Piero Toledo en velocidad y en casi todos los aspectos del juego. (Foto: Álex Melgarejo / DeChalaca.com) 

En el arranque de la segunda fracción, UDA intentó el milagro de remontar el cotejo. Y quizá pecó al buscar eso antes que asegurar la clasificación al próximo cuadrangular de ascenso, que estaba garantizada mientras la derrota no se elevara a cinco o más goles de diferencia. No obstante, los ataques de los de Ascención carecieron de organización. Con maña, Pirata se refugió atrás y salió con cuchillo y tenedor en las manos para servirse y sacar provecho de los espacios que dejaban los ataques viscerales pero poco pensantes de su adversario.

Contra todo análisis, el cancerbero Gutarra no tuvo una actuación desaprobatoria; en más de una ocasión le robó el grito de gol al recién ingresado Jossimar Serrato. Además, buscó siempre levantarle la moral a su zaga. Aun en la catástrofe nunca perdió la fe. En la tribuna, los fanáticos de UDA enarbolaron el famoso “¡Sí se puede!” para impulsar a los suyos a buscar el arco corsario. Pero quizá la necesidad de quedar bien con la gente le jugó en contra al equipo de Jaime Carrión.

Jhordy Huaira, por ejemplo, intentó retribuir los cánticos que bajaban desde las gradas. Sobre la base de su movilidad, buscó ganar la lucha por el medio sector ante los dos volantes de contención filibusteros, Carlos Canales y Juan Carlos Ramírez, pero era una lucha desigual. Solo Edseel Quiroz y Stefancy Martínez alguna vez fueron en su apoyo, mientras Bazalar renovaba el ataque con el ingreso de Jossimar Serrato, cuya familia se esforzó por crear también una pancarta en su apoyo en Occidente Alta. El ariete respondió la cortesía con el cuarto tanto.

Huaira abusó de intentos preciosistas y se vio abrumado por el aluvión pirata. Acá es superado por

El tiro de gracia para los de azul y oro llegó a los 78‘ con el quinto tanto, obra del ingresante Erick Perleche, quien también vivió su propio delirio con el sexto. Ya los cánticos no se escucharían más; poco a poco las tribunas se fueron quedando vacías. Se quedó un puñado de  lambayecanos, ataviados de pañuelos, parches en el ojo y garfios de plástico. No celebraban alguna fiesta de disfraces, sino la de su ascenso: ese cupo privilegiado para uno entre más de 30 mil equipos, que acabó en manos de aquel del logotipo sin copyright, del ícono de la piratería. 

Los Goles

Fotos: Álex Melgarejo / DeChalaca.com


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La ficha del Molinos El Pirata 6 - UDA 0

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