• EL CAPO. Con felinos reflejos y astucia gatuna, Emerson se coronó como el mejor jugador de la Final de la Libertadores. (Foto: Reuters)
  • EL CAPO. El 'Timao' mostró un mejor rendimiento físico y terminó ganando por demolición a Boca. (Foto: AFP)
  • EL ESTADIO. Corinthians tuvo un espectacular recibimiento en el pequeño estadio Pacaembú. (Foto: AFP)
  • LE CALAMIDAD. Si bien peleó todos los balones, también anduvo peleado con la pelota. Santiago Silva tuvo una noche para olvidar. (Foto: Reuters)
  • EL DUELO. Leandro Carusso y Emerson tuvieron un duelo aparte. A los golpes lo ganó el de Boca, en la cancha el brasileño. (Foto: Reuters)
  • EL CAMBIAZO. En el primer tiempo, Orión sufrió una lesión en la pierna izquierda y fue reemplazado por Sebastián Sosa quien no decepcionó. (Foto: Reuters)
  • EL HOMENAJE. Juan Román Riquelme mostró enteresa al consolar a sus compañeros y saludar al equipo campeón. El '10' no seguirá en Boca. (Foto: Reuters)
  • KAZUKI ITO. Impecable actuación de Wilmer Roldán. A pesar de la presión de ambos equipos, el colombiano no tuvo inconvenientes para manejar el partido cuando los ánimos se caldeaban. (Foto: Reuters)

El Capo: El del doblete

Riquelme no pudo brillar en el que probablemente sea su último partido en la Copa y más bien vio el fútbol reluciente, como su calva, de Emerson, quien elevó al máximo su trajeada carrera con dos anotaciones. En la primera mostró sus felinos reflejos y astucia gatuna para aprovechar un parpadeo de la defensa boquense, en la otra puso quinta velocidad e hizo que Caruzzo parezca el Coyote persiguiendo al Correcaminos. Luego mostró toda la madurez para sacar de sus casillas al defensa y así terminar de ganar el partido en todos los sentidos.

La clave: Timao que más corre

Hay un factor deportivo que marcó la diferencia entre uno y otro equipo: la resistencia física. Este servidor lo dijo desde hace mucho, el Corinthians es un equipo brasileño que corre como europeo. Mientras Boca tuvo aire, no se mostró ni inferior ni superior al Timao, pero en la segunda mitad se hizo demasiado evidente la diferencia pulmonar entre uno y otro. Más aún luego del primer gol. La visita dominaba, pero el ahora campeón contragolpeó y pegó más duro. Boca como que había salido a matar o morir… y murió nomás.

El estadio: Era muy chiquito

Increíble que se haya aprobado el Pacaembú como sede de la final. Lío se hace siempre en las finales de torneos continentales cuando los estadios no cumplen con la capacidad mínima requerida, pero esta vez el Paulo Machado de Carvalho, con un aforo insuficiente, recibió la luz verde de la Confederación para albergar el partido decisivo. Para recordar.

La calamidad: Pelado de capacidad

Para no tildar de desastrosa la noche de Santiago Silva está la entrega que mostró de principio a fin el delantero uruguayo. Peleó todas las pelotas, pero se le vio muy peleado con la pelota. Controló pocas o ninguna y jamás pudo ubicarse en una posición limpia para ser habilitado por sus compañeros. Es un delantero aceptable, pero que no está a la altura de su predecesor. Boca, hoy más que nunca, extrañó a su Martín pescador de goles.

El golazo: A la brasileña

El primero fue una joyita. Hay que estar muy lúcido de la cabeza (recuérdese que el fútbol se juega con el cerebro y no con los pies) para tirar un taco de película como el de Danilo para habilitar al mejor de la cancha. Emerson mostró la técnica que no tenían otros delanteros para parar el balón y decidir bien en una micra de segundo. No había tiempo para nada, pero lo hicieron todo.

El tapadón: Cassio fue gol, pero no

El primer tiempo fue parejo, peleado y golpeado. Recién en el complemento empezaron a darse las llegadas, pocas de los dos, pero menos aún las de Boca. Cuando estaba 1-0 el marcador, Riquelme pudo servir como suele hacer de balón parado. La defensa corinthiana no siguió a Caruzzo quien apareció por el segundo palo y le cambió la trayectoria al esférico con fuerza y colocación, pero Cassio desandó su último paso, estiró su metro noventaicuatro y atrapó el balón. Hubiera sido el empate y quizás, el cambio de la historia.

El duelo: ¿Fue el picón o el atorrante?

El que protagonizaron Emerson y Caruzzo sobre el final. Se dice que el argentino quería “vengarse” del brasileño por haberle ganado (¿?), también se sostiene que fue el polémico delantero el que fue a provocar al rival. Cualquiera de los dos, quien haya sido el que inició el pleito, queda claro que en golpes ganó el defensa, pero el triunfador fue el otro. Más sabe el diablo…

El cambiazo: Arquero fijo

Sosa no tapó mal, de hecho dejó hasta una impresión mejor que la de Orión a quien sustituyó por una temprana lesión. Pero el cambio de arqueros en una final parece ser una condena segura pues en la historia de la Libertadores sucedió en tres ocasiones, antes de esta, y los equipos que tuvieron que hacerla perdieron siempre. Es, pues, un cambio maldito.

El homenaje: Lo dijo él primero

Estaba para ser homejeado, pero terminó saludando él. Al final del partido, Juan Román Riquelme fue a abrazar a cada uno de los miembros de su plantel por el esfuerzo realizado y después se tomó el tiempo y la molestia de ir a felicitar al rival. Un gesto que lo enaltece ya no solo como deportista, sino también como caballero. Sin querer, al hacérselo a los demás, se rindió homenaje a sí mismo.

Kazuki Ito: Colombiano con clase

Impecable actuación del colombiano Wilmar Roldán. Imparcial y criterioso para juzgar las distintas situaciones que se dieron en el partido, incluso en la más complicada que fue la ‘peleíta’ entre Emerson y Caruzzo en el final del partido. Supo cómo portarse en todos los casos, mostró valentía, solvencia y calidad.

Fotos: Reuters

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