Foto: Prensa UniversitarioUniversitario y Municipal sellaron un empate lleno de trabas en el Monumental, sellado con sendos penales -no exentos de polémica- que grafican un partido de mucho esfuerzo y escasas claridades. Táctica y físicamente, cremas y ediles repartieron un 1-1 que no les resulta buen negocio.

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

La camiseta ensangrentada de Diego Guastavino sobre el final del partido es la postal que mejor ilustra el trámite de una nueva edición del Clásico Moderno en el Monumental. El uruguayo jugó poco más de media hora y le sobró entusiasmo por seguir el camino de la recuperación de su mejor nivel, pero estuvo lejos de poder ejercer impacto real en el marcador. Mucha entrega, poca productividad: un ícono de la noche de Ate.

Pasó así por variadas razones. Una puede ser táctica: el 4-3-2-1 que caracteriza ya a Pedro Troglio fue, esta vez, menos agresivo que otras y más pensado en controlar efectivamente el balón que en deshacerse rápido de él. Pero en ocasiones se rayó en el abuso: Alberto Quintero, la mejor arma que por estos días tiene el cuadro merengue para construir acciones de gol, no empleó la diagonal todo lo que pudo y por eso se quedó muchas veces sin espacio para sus atropelladas, por lo cual amarró demasiado la pelota y tardó en descargarla. Él fue el símbolo de que la 'U' tuvo el esférico, pero no supo muy bien qué hacer con él.

Del lado edil, la variable que aportó la ecuación del partido trabado fue que el 4-rombo-2 de Gerardo Ameli estuvo muy bien pensado para copar el campo, pero no para copar el arco. En ese caso, los personajes representativos fueron Ítalo Regalado y Diego Mayora: dos hombres con vocación de gol cuyas ubicaciones en el ataque, casi como estacas que corrían en paralelo a los bordes del área grande, estuvieron pensadas no principalmente para complicar con remates, sino para tapar salidas rivales. Lo hicieron y posiblemente bien, pero eso no les bastó para causar daño en el arco de Carlos Cáceda por sí mismos.

Troglio apostó por Ugarriza como eje del ataque, pero el ariete no pudo en un duelo que ganaron más bien los hombres de marca, como Palomino. (Foto: Prensa Universitario)

Fuera de los avatares de los esquemas, el partido fue áspero. No violento, pero sí de pelotas divididas peleadas varias veces a los empellones. Explicativo al respecto resultó que la 'U' tuviera otra vez a Arquímedes Figuera no de '6' neto, sino haciendo el complemento por derecha de la labor que como ancla cumplía Ángel Romero; y que 'Muni' contara con Mario Palomino como acompañante de la labor destructiva de Armando Alfageme. Sucede que ambos eran los jugadores encargados de la salida de sus equipos: los responsables de ese primer pase que se necesita para gatillar un ataque. Y con ellos acometiendo la tarea, ese pase podía ser esforzado, pero nunca limpio.

A lo expuesto se suma que los duelos individuales hayan sido ganados por el físico antes que por el talento. Juan Vargas, que con todo lo que se diga sobre su estado físico tiene el buen pie intacto -lo demostró su magnífica ejecución en el penal que selló el empate-, no pudo en el uno a uno con los desbordes de Aldair Salazar. Mayora, que pese a sus kilos es dinámico, acabó al debe contra la experiencia de Alberto Rodríguez. Edwuin Gómez las perdió todas en el apanado que le hicieron entre Alfageme y Salazar. Y Adrián Ugarriza, designado por Troglio como '9' titular, terminó siendo poco indicado para lidiar con Adrián Zela y Luis Calderón, tan rocosos como firmes.

Finalmente, lo trabado del 1-1 se consumó en el hecho de que ambos goles llegaran mediante sendos penales. Producto de jugadas relacionadas con los márgenes que el reglamento deja a la bendita interpretación, arma discrecional que influye sobre los árbitros. La mano de Horacio Benincasa, extendida, quizá no fue de por sí intencional, pero va presa por estar despegada del cuerpo; derivó en el gol de Mayora. El toque de Palomino sobre Emanuel Páucar fue leve, ligerito; pero el volante edil se apoyó en el crema y así no sea una jugada violenta hay contacto premeditado y por tanto es penal, que derivó en el gol de Vargas. En el inicio del complemento, una carga conjunta de Calderón y Zela a la salida de un córner volvió a derivar en una mano de Benincasa; ¿menos intencional que la anterior? No, pero al estar más pegada al cuerpo y con el árbitro Renzo Castañeda ya indispuesto a cobrar uno, pasó piola.

Guastavino entró pero no pudo trascender, como en esta jugada ante Alfageme. El uruguayo acabó ensangrentado. (Foto: Andina)

El balance, pues, deja a una 'U' algo amarga, y con razón, por no haber podido imponerse en casa pese a haber controlado más el esférico. El empate tampoco es un resultado tan valioso para Municipal, que en un torneo tan corto también necesita sumar de a tres en partidos en que cuenta con margen para eso -como este, que cerrado y todo pudo decantarse para cualquiera- si quiere pelear arriba. Pero sí fue bastante útil para los intereses ediles de seguir probando variantes bajo la conducción de Ameli, quien hace reposar en Freddy Álvarez la organización de su equipo. El costarricense viene convirtiéndose en el auténtico playmaker edil: juega y hace jugar, porque es una aduana eficiente por la que pasan las intenciones ofensivas de su equipo. Lo suyo fue, por buen millaje, lo mejor de una noche más bien relacionada con el trámite poco fluido.

Las Fotos

Los Goles

Fotos: Prensa Universitario; Prensa Deportivo Municipal; Andina


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La ficha del Universitario 1 - Municipal 1

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