Foto: ANDINADe cómo la selección ganó cuando hubo quienes no la siguieron ni por televisión.

 

El partido contra Uruguay tuvo un detalle curioso para mí. Y es que es el primero en largo tiempo que no seguí ni siquiera por televisión. No es un misterio el porqué: la eliminación mundialista me ha quitado la expectativa de seguir los últimos partidos de la selección, y como hace tiempo no me asignan uno en esta página web, los vivo a mi manera.

El partido contra Chile lo presencié desde Oriente, pero la actuación vergonzosa y escuchar a los hinchas chilenos desde Occidente cantar "El que no salta, no va al Mundial" me hizo irme unos quince minutos antes del estadio. Y yo soy de los que siempre me quedo hasta el final para ver el tumulto postpartido. El partido contra Colombia lo vi de reojo; debo admitir que me quedé dormido todo el primer tiempo, y solo esperaba que acabe el encuentro. No me junté con amigos ni lo esperé con ansías. 

El sábado no eran tantos los que sabían que Perú jugaba y el estadio a poco tiempo de empezar el partido lucía desolado. No faltaba la chacota que decía que de los cinco mil espectadores presentes, dos mil eran policías, mil revendedores y el resto invitados. A mi no me interesaba mucho seguir el partido, así que no me importó encargarme de asistir al campeonato de ex alumnos del Santa María, que DeChalaca.com cubre a su fiel estilo.

El mismo árbitro del campeonato comentaba que le habían regalado entradas para el partido y que se las regaló a un vecino. Igual había cierta curiosidad de cómo Perú intentaba encararle el partido a Uruguay y lo seguimos por ratos a través de la radio. Que De La Haza jugaba en una posición en la que solo ‘Chemo’ lo coloca, que Butrón tapaba una y otra llegada charrúa, que Ávila entraba en el segundo tiempo, que no cobraron un penal claro a Perú. Yo, pesimista, solo pensaba cuándo escuchar la narración del gol uruguayo.

Ya acabado el campeonato a eso de las 5:20 de la tarde, volví a mi casa hablando por Nextel con un amigo para que me cuente alguna jugada interesante. Y justo entrando, escuché a unos vecinos festejando el gol peruano, y corrí a prender la tele escuchando a Peredo gritándolo emocionado.

Pude ver los últimos minutos. La desleal patada de un Godín picón. A Vargas despidiéndolo cachosamente. Al ‘Chorri’ con lagrimas en los ojos. No puedo negar que por un rato envidié a los pocos hinchas que gritaban el gol de Rengifo, que por un momento quisieron olvidar la eliminación mundialista y desahogar sus penas.

Quizá vea el partido del miércoles contra Venezuela. Quizá me crea que Perú todavía tiene chances de clasificar. Es lo único que me queda para entender a esta selección, que cuando nadie la vio se acordó de ganar.

Foto: ANDINA

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