En días imbuidos de santidad, bien vale evocar a aquellos equipos con denominaciones afines que hicieron historia en el balompié peruano. Solo cuatro de ellos jugaron en Primera División. Y dos han sido campeones. Agustín, Vicente y Martín, este último por partida doble, son aquellos nombres de hombres que dieron su vida a la fe y, de rebote, hicieron historia en las canchas.

 

Composición fotográfica: Carlos Vela / DeChalaca.com

 

Fe profunda: Santos en Segunda y Copa Perú

 

 

 


Composición fotográfica: Carlos Vela / DeChalaca.com
Fotos: revistas Estadio, Ovación y Todo Fútbol; Gian Saldarriaga / DeChalaca.com

Acostumbran invocar los mismos titulares periodísticos: “Santo eres en verdad”, “Santa paciencia”, “Por todos los santos” y “Olor a santidad”, entre otros, son recurrentemente evocadas, según las circunstancias, para describir sus derrotas o victorias. Hoy es el Deportivo Universidad de San Martín de Porres; hace 20 años lo era el Deportivo San Agustín. Ambos fueron campeones, y junto al Sport Mina San Vicente (San Ramón, Junín) y el Deportivo San Martín de Porres (Pucallpa, Ucayali) han sido los cuatro equipos “santos” de la Primera División peruana.

 

 

CONFESIONES


Deportivo San Agustín fue el primero en llegar a la máxima categoría. Fundado en 1970 con el nombre de club San Francisco, participó inicialmente en la Liga de Lince hasta que en 1972 fue renombrado como Huracán San Isidro, al mudar su sede al distrito del mismo nombre. Equipo titular de San Agustín en la campaña 1986. Falta 'Chemo' del Solar (Foto: revista Estadio)Desde 1983, obtuvo su denominación definitiva tras pasar a ser auspiciado por el Colegio San Agustín, bajo la tutela del padre Cesáreo Fernández de las Cuevas, quien fue el hacedor de uno de los equipos más sorprendentes que registre la historia del balompié peruano.

 

Su ascenso fue fulgurante: ganó el Interligas en 1981, la Segunda División en 1984 y, en 1986, con solo dos temporadas en Primera, se consagró campeón nacional al ganar el I Regional y vencer en memorable final a Alianza Lima, con gol de José Pajuelo, En esa campaña estelar, tuvo como principales figuras a Héctor Martín Yupanqui, Jaime Duarte, José ‘Chemo’ del Solar, Roberto Martínez y José ‘Burrito’ Ziani, todos dirigidos por Fernando Cuéllar.

 

Como le ocurriera a San Martín el año pasado ante Universitario, San Agustín dio la vuelta olímpica entre dirigentes, amigos y la indiferencia de los hinchas íntimos en las tribunas del Nacional. Y si el cuadro de Santa Anita tiene a la ‘Muela’, los amarillos de San Isidro también contaban con un aislado fanático: el popular ‘Popeye’, octogenario aficionado que se apostaba en Occidente Baja, pegado al palco de dirigentes del coloso de José Díaz, para tirar pica pica y serpentinas mientras daba vivas por San Agustín en compañía de algunos niños transeúntes por el Nacional a los que pagaba por sus servicios barristas con bolsas de caramelos. Acrobática intervención de Carlos Silvestri y 'Chicho' Salas para proteger el arco de San Agustín la tarde que Alianza lo goleó 6-0 en Matute por el Descentralizado 1996, campaña de descenso del club canario (Foto: revista Ovación)

 

El cuadro canario participó en la Copa Libertadores con Alianza frente a los uruguayos Progreso y Peñarol, y mantuvo protagonismo en la Zona Metropolitana, con algunos altibajos (en 1989 debió definir la permanencia con Deportivo Municipal, aunque luego se resolvió que ninguno perdería la categoría), durante la segunda mitad de los ’80. Luego de la reducción de equipos de 1992, San Agustín se acostumbró a luchar por la categoría en cada Descentralizado, y en 1996 la dirigencia tomó una decisión radical: mudar la localía del equipo a Trujillo, ciudad que luego del descenso de Carlos A. Mannucci en 1993 había quedado sin representación en la máxima categoría. Pero la idea jugó en contra. En el Mansiche, el público jamás acompañó a los canarios y estos acabaron por hundirse en el fondo de la tabla, para perder la categoría y nunca más volver. En 1997 también descendieron en Segunda, y acabaron inscribiéndose en 1998 en la Liga de San Juan de Lurigancho, en la cual se perdieron para siempre, hasta donde es conocido.

 

MÁRTIR DE LA MINA

 

Otro equipo santo de los ’80 fue el Sport Mina San Vicente de San Ramón. Ascendido en 1987, luego de un discreto debut (quedó último en el Regional Centro, lo obligó a revalidar la categoría en la Zona Intermedia) logró, en la temporada siguiente, ser uno de los dos equipos del centro que logró clasificar al Descentralizado ‘A’, que disputaban los 12 equipos que lucharían por la clasificación a la Copa Libertadores. Sin embargo, en este certamen se ubicó último.

Escena del partido que Mina San Vicente le empató a Alianza Lima en el Nacional por la Liguilla del I Regional de 1989 (Foto: revista Todo Fútbol, N° 5 p. 3)

 

Luego de pagar ambos derechos de piso, su gran año llegaría en 1989. Ganó el I Regional Centro, y clasificó a la Liguilla por el primer cupo a la Libertadores. En ese minitorneo, disputado en Lima, se mantuvo invicto al empatar sus cinco partidos: con Alianza Lima (0-0), Sporting Cristal (0-0), Alianza Atlético (0-0), Unión Huaral (1-1) y FBC Aurora (1-1). En el II Regional, cedió el título a Deportivo Junín, pero igualmente sumó suficientes resultados para lograr una marca poco difundida: entre los 41 participantes de la temporada ’89, fue el club que mayor cantidad de puntos hizo. Una especie de “campeón moral”, dado el enrevesado sistema de regionales que entonces regía el balompié. En aquel plantel, destacaban, entre otros, el golero Martín Castro, José Ramírez (actual DT de Atlético Minero), Julio Falconí y Demetrio 'Chimanguito' Mazzo, bajo la conducción técnica de Luis Roth.

 

Mina San Vicente se mantuvo en la máxima categoría hasta 1991, cuando la reducción de equipos acabó por confinarlo a la Liga de San Ramón, en la cual participa hasta hoy. Para la campaña 2008, su camiseta ya no es celeste o naranja, como las que usó en Primera, sino blanca con vivos azules. Igualmente, quedó en el recuerdo por sus clásicos mineros ante Unión Minas y aquella memorable campaña de 1989.

 

PERRO, PERICOTE Y GATO

Del Deportivo Universidad de San Martín de Porres todo es conocido por el hincha común. Creado por su casa de estudios matriz en 2004, tras comprar la categoría a Sport Coopsol, logró mantenerse en Primera tras una ardua disputa con Deportivo Wanka. La vuelta olímpica del San Martín campeón en diciembre último, con Leao Butrón a la cabeza (Foto: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com)La apuesta era de largo plazo y el tiempo lo ratificaría: clasificó a la Copa Sudamericana de 2006 y el año pasado, tras campeonar el Torneo Apertura y por tener mejor acumulado que Coronel Bolognesi, se consagró campeón nacional, lo que le permite participar actualmente en la Copa Libertadores.

 

Lo que pocos conocen, en cambio, es que el cuadro de Santa Anita tuvo un homónimo que lo precedió en Primera División. Fue el Deportivo San Martín de Porres de Pucallpa, que jugó en Primera División una sola temporada: en 1989, cuando se creó la Región Oriente (hasta entonces, los clubes de esa parte del país se repartían entre la Región Metropolitana y la Región Norte). Dicho cuadro había ya participado en la Finalísima de la Copa Perú 1987, disputada en Trujillo, y en la que quedó en último lugar detrás del campeón Libertad, Capitán Clavero de Iquitos y Bancos Unidos de Juliaca (este último, club distinto del también pucallpino Deportivo Bancos).

 

Luego de ello, el máximo logro del Deportivo San Martín de Porres fue el tricampeonato departamental de Ucayali en las temporadas 1996, 1997 y 1998, aunque quedó eliminado en instancias posteriores de la Copa Perú. Hasta el año pasado, militaba en la Liga de Callería, de la provincia de Coronel Portillo.

Para terminar, cabe indicar como curiosidad que en Madre de Dios existe un tercer equipo dedicado al santo moreno que hizo comer de un mismo plato a perro, pericote y gato: el Fray Martín de Porres de Puerto Maldonado, que fue bicampeón departamental en 2004 y 2005. Sin embargo, como su propio nombre lo indica, no basta ser fraile para ser santo. Ni para tener la gracia de jugar en Primera.

 

 

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