El gol de Ruidíaz a Brasil, el penal atajado por Delgado a Ramúa que acabó siendo gol y la prematura lesión de Cristiano ante Francia: tres circunstancias que determinaron el curso del 2016 futbolístico y que, de haber sido distintas, podrían haber instalado otros matices.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

La mano, esa acción en el fútbol que remite a tres interpretaciones posibles. Uno, a la infracción vedada: al uso de la única parte del cuerpo inapta para el fútbol, sobre todo para cuando de marcar goles se trata. Dos, a la pericia del portero: a ese conejo de la galera bendito que sale del guante y significa salvación, seguridad. Tres, al gesto de cortesía que se extiende o al inicio de un partido o, sobre todo, cuando un jugador se lesiona: el acto leal de ayudar a un tercero a pararse o salir del campo.

Todas esas posibilidades tuvieron, de manera clave, que ver con el curso del año 2016 para el fútbol en el Perú y el mundo. Para el resultado más importante obtenido por la selección peruana en muchos años, para la consecución de un nuevo título nacional por parte de Sporting Cristal y para la gesta inédita de Portugal, una selección a la que el éxito siempre le había resultado esquivo. Algunas manos torcieron el curso de los hechos, que como suele ser habitual podría haber sido distinto.

El gol de Ruidíaz a Brasil: un favorzinho

Foxborough, 12 de junio, 21:37 hora peruana. Los 4 minutos más largo de muchísimo tiempo han discurrido para la afición peruana. Después de un primer tiempo fatal, un desborde de Andy Polo por derecha ha consolidado de manera inesperada la levantada de la selección de Ricardo Gareca en el complemento. El extremo de Universitario ha lanzado un centro al corazón del área tras superar la marca de Filipe Luis para que el balón le quede a Raúl Ruidíaz cual misil, para empujarlo al pórtico de Alisson. La 'Pulga' ha querido conectarlo, pero solo ha logrado hacerlo con la mano; el esférico lleva tal potencia que luego de ese impacto, choca también en el muslo del delantero y se incrusta en el arco brasileño. Tras múltiples conversaciones con el asistente Nicolás Tarán, el principal Andrés Cunha -uruguayo- decide lo que se presumía: fue mano y el gol no vale. Claro, ¿quién va a cobrarle un gol así a Brasil en una Copa América jugada en Estados Unidos? La TV por fin emite la repetición y queda claro: hubo mano, no hay gol y es tiro libre en salida para el 'Scratch' a falta de 15 minutos para el final del cotejo.

Si el gol de Ruidíaz no era tal, la mayor alegría de la que una generación de hinchas peruanos tenga memoria podría no ser más que una fantasía. La noche de Foxborough, especialmente para quienes tuvimos la fortuna de estar en el Gillette Stadium, es de esos recuerdos imborrables que los nietos contarán a los tataranietos. Pero en lo futbolístico, lo tangible, hay que preguntarse si realmente el partido podría haber tenido un destino diferente. Perú, está dicho, había tenido un primer tiempo fatal: lo peor de su paso por la Copa América Centenario como expresión de juego y manejo de emociones. Pero ese mar de descoordinaciones y problemas para salir se había diluido en el complemento, en buena medida, a partir del reordenamiento en primera línea fruto del ingreso de Yoshimar Yotún.

El uruguayo Cunha pudo cambiar la historia de Perú en la Copa América si cobraba la mano de Ruidíaz. (Foto: AFP) 

Para el momento del gol, pues, Perú ya dominaba el partido y el nervio en Brasil era grande. Un tanto anulado no necesariamente habría impedido que en el lapso restante el gol blanquirrojo hubiera podido llegar en el arco de Alisson. Recuérdese que con Ruidíaz en el campo, Gareca ya jugaba con doble punta mientras Brasil no encontraba el rumbo, como que Hulk había tenido que entrar a buscar el gol del que Gabriel Barbosa estaba lejos. Es un albur, sí; pero quizá lo más probable. Ahora bien, igual la victoria o clasificación brasileña era una importante posibilidad, debido a que a la selección peruana solo le valía el triunfo.

Si eso ocurría, sin embargo, las consecuencias habrían sido mucho más distintas para el 'Scratch' que para Perú. La eliminación de la Copa América Centenario acabó con la segunda era de Dunga, que selló su destino con tan estrepitoso fracaso. El arribo de Tite ha transfomado por completo a Brasil al punto de, en solo seis meses, volverlo candidato de fuerza a pelear el título mundial en Rusia 2018. Para la blanquirroja, en aquel domingo poselectoral, no se habría tenido tantos reproches por perder contra el único rival al que el hincha mainstream considera, quiérase o no, como aquel contra el que el partido es perdible. Sí, quizá Gareca no tendría hoy 81% de aprobación, ¿y qué? Sí es indudable que el triunfo sirvió para respaldar la idea de renovación, que como DeChalaca ha señalado está igualmente sobredimensionada, pero viéndose la actitud del técnico cuesta creer que el proceso de cambio no se hubiera emprendido igual. Lo que no puede negarse es que la Copa América sirvió como colchón emocional para los seis partidos eliminatorios jugados entre setiembre y noviembre, ¿pero por eso se habría dejado de perder ante Bolivia o de golear en Paraguay? El destino pues, le torció la mano más a Brasil.

El penal de Ramúa ante Municipal

Lima, 4 de diciembre, 18:07. Las sombras de la noche comienzan a caer sobre el Nacional cuando Alfredo Ramúa se toma el rostro con las manos. El 'Chapu' se lamenta, mientras a unos metros Erick Delgado coexiste entre la euforia de la atajada decisiva y el golpe letal al equipo de sus amores, esta vez rival. El 'Loco' ha volado hacia la izquierda, pero con pericia y sapiencia ha sabido dejar la mano derecha estirada hacia el centro del arco para contener el disparo del volante argentino de Sporting Cristal. Ha sido un desenlace angustioso, pues el balón ha girado sobre su eje y dado botecitos antes de picar hacia fuera del arco. Con tres penales fallados de tres ejecutados por los cerveceros, la suerte está echada para el equipo de Mariano Soso: luego ejecutará un hombre de magnífico pie como Jersson Vásquez y prácticamente liquidará la serie para Deportivo Municipal, que así logrará clasificarse a la final por el título nacional ante FBC Melgar.

El penal no se resuelve hasta que el balón se detenga. Que lo cuente Carlos Gallo, el portero brasileño al que en cuartos de final de México 1986 el penal disparado por Bruno Bellone le rebotó en la espalda después de dar en el travesaño para acabar significando un gol de Francia. O que lo diga Delgado, quien le tapó el penal a Ramúa pero, por el efecto que el 'Chapu' imprime a los balones -recuérdese el penal que de modo similar le marcó con Real Garcilaso a Universitario en la definición por penales de la final de 2013-, acabó sucumbiendo. Infortunio para Municipal, que de haber atajado el disparo y convertido -como lo hizo- el disparo inmediatamente posterior en los pies de Jersson Vásquez habría tenido la inmejorable chance de ponerse 0-2 arriba en la tanda, con solo dos penales por patear de parte de los cerveceros.

De tapar el penal Delgado a Ramúa, Municipal habría tenido en los pies de Jersson Vásquez -quien a la postre anotó- el pase a la final. (Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com) 

Es muy lógico asumir que el disparo de Vásquez, vista la categoría con que ejecutó, habría podido ingresar, por lo que presumir el escenario de un triunfo edil en penales es muy plausible. Incluso con las posteriores ejecuciones de Juan Diego Gonzales Vigil y Adrián Zela disparadas al cielo, los de la comuna habrían al menos asegurado la extensión de la tanda. Así, con Municipal en la final, el equipo de Marcelo Grioni habría escrito una página aún más importante en el marco de su proceso de reconstrucción institucional, que comenzó a inicios de década con el equipo en la Liga Distrital del Cercado y acaba, pasada la mitad del lustro, con el equipo en Copa Libertadores.

No obstante, la acción en sí no necesariamente habría variado sobremanera el panorama en lo práctico. En una final Melgar - Municipal, el favoritismo dominó habría sido amplio y el destino edil, no de modo concluyente, pero sí muy probable, habría sido el subtítulo. 'Muni' habría llegado igual a la Libertadores en la que ahora está, puesto que el cuarto puesto igual le deparó tal destino. Para Cristal, por su parte, tampoco habrían cambiado las cosas demasiado: el proceso de Mariano Soso habría terminado de modo idénticamente abrupto, aunque seguramente con consenso generalizado de que debía ejecutarse un cambio en el banquillo que, de modo casi obvio, también habría derivado en la asunción de José del Solar. Por eso, quizá el principal cambio en el curso de la historia tendría que ver con el currículo de Soso, que hoy y en adelante lucirá para siempre un galón que una mano estuvo muy cerca de retirar.

La lesión de Cristiano ante Francia: efecto búmeran

París, 10 de julio, 15:24 hora peruana. El Stade de France asiste al latido a mil por hora de ochenta mil personas cuando Dimitri Payet, el talentoso francesito emergente como figura de la Euro 2016, se ha salido del cuadro y le ha propinado a Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, el ídolo de millones de seres humanos, la popular 'paralítica' que parece condenarlo a dejar el campo en el partido más importante de su carrera. 'CR7', sin embargo, quiere seguir, poniendo en riesgo su integridad en nombre de su bandera; Ricardo Quaresma espera su ingreso al lado del campo, pero el astro luso pisa el campo de juego y sí: puede continuar. El partido, tenso y todo, continúa 0-0 y Portugal no tiene que ejecutar el cambio más impensado del torneo cuando apenas corren 25 minutos de juego

Dicen que el fútbol es mágico, en -buena- parte, porque vuelve reales aquellos momentos que ni la más elucubrada fantasía podría prestidigitar. Así ocurrió en la final de la Euro 2016 con la lesión de Cristiano Ronaldo, una circunstancia imprevisible y, sobre todo, con efectos completamente distintos de los que podrían haberse imaginado. ¿Quién podría haberle jugado unas fichas al apático Portugal de Fernando Santos sin su mayor estrella en el campo de un local que ganó todos los torneos importantes que jugó en casa? ¿A esa selección de Europa que siempre fue el pequeño patio delantero de la casa, que defeccionó siempre que la historia la retó a palabras mayores?

Antes de la media hora de juego, Cristiano Ronaldo quedaría lesionado. Evra había anunciado minutos antes la conclusión del portugués en la final. (Foto: AFP) 

Portugal perdió a su estrella, pero, ante todo, hizo el cambio hombre por hombre. Uno de los lugares más comunes del fútbol arrojó una solución atípica: la de apelar a Quaresma, tipo desequilibrante a su manera -la del estorbo, la de la gambeta que no maravilla ni preocupa al rival pero sí que lo ocupa- para simplemente intentar hacer su trabajo. El de jugar al fútbol, aun cuando el que mejor lo hacía no estuviera en el campo. Esa obligación impulsó a Nani, tipo talentoso pero frío, a ser obrero y lanzarse como piloto de un ataque que lo necesitaba en rol de entrega, de tesón. Impulsó a Joao Mario, un conductor trabajador pero poco trascendente, a dar el pase certero y fino. Y acaso también impulsó a Éder, el hombre de relleno en la lista -"The fact their only recognised centre-forward in France is likely to be Eder tells you all you need to know about the desperate lack of options in this position", decía crudamente World Soccer sobre Portugal antes del torneo-, a clavarla una vez de mil en el arco de Hugo Lloris.

¿Qué habría pasado, entonces, si Cristiano seguía en el campo? Quizá cualquier cosa menos todo eso junto. A lo mejor Portugal podía ganarlo por alguna acción aislada de su héroe, que más bien podría haberla clavado 999 veces de mil en el pórtico galo; o a lo mejor eso pasaba pero Rui Patricio no sacaba de todo y Ronaldo, como Paolo Futre en 1984, se quedaba con los honores de ser figura en un equipo que le imponía un techo para mayores deseos. Sin el astro en el campo, ojo, Fernando Santos migró su 4-1-3-2 original a un 4-1-4-1 que, por exigir marca más ancha, tapó mejor la salida de Francia y lo fue enredando en la desesperación que se consumó con el latigazo de Éder. Además, la jugada desubicó mentalmente a Payet, quien -acaso por no ser un hombre de marca acostumbrado a cargar con la conciencia del golpe- no se encontró más en el campo y acabó teniéndole que dejar su lugar al menos articulado Kingsley Coman. En el fútbol, a veces, los jugadores no necesitan estar en el campo para influir; y en este 2016, al parecer, hubo uno que influyó más en el destino del calendario futbolístico por haber estado afuera.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com

Foto: Raúl Chávarry / DeChalaca.com, AFP


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