Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.comEn diciembre de 1998, Franco Navarro obtuvo su único título como técnico: el del Torneo Clausura de ese año en partido extra ante Alianza Lima, su rival en la final del Torneo del Inca. ¿Cómo habría cambiado la carrera del hoy DT de la Vallejo si aquella definición la hubieran ganado los íntimos?

 

Debates sobre sistemas de torneos al margen, pocas definiciones de temporada en el Perú han tenido un final tan de fotografía como aquella de la temporada 1998. Que resultó especialmente apasionante pues reunió a los que entonces eran los cuatro clubes con mayor hinchada en el país con diferencias futbolísticas muy relativas entre ellos que se tradujeron en puntajes ajustados. Universitario, como campeón del Apertura, vio cómo el Clausura se definía palmo a palmo entre el que había sido el mejor equipo de la temporada, Sport Boys, y sus escoltas Alianza Lima y Sporting Cristal.

Mientras los íntimos, de la mano del colombiano Édgard Ospina, habían hecho un segundo semestre en crecimiento progresivo, que había encontrado su pico de rendimiento a partir de la consolidación de la dupla ofensiva de los llamados "tanques blancos" Roberto Silva y Claudio Pizarro, junto al colombiano Miguel Asprilla, lo de Cristal había sido mucho más espectacular. Los rimenses, al cabo de la fecha 11 del Clausura, estaban penúltimos en la tabla y jugando muy mal cuando una derrota ante el colero Municipal en el estadio Miguel Grau del Callao culminó con el cese del colombiano Luis Augusto García. La temporada parecía perdida para los cerveceros, y la dirigencia optó por encargar el cierre de campaña al asistente del 'Chiqui': Franco Navarro, quien ya había dirigido a Cristal de manera interina en la primera parte del año, tras la salida de Miguel Ángel Arrué y antes de la llegada de García.

Lo que absolutamente nadie esperaba era que Navarro podría tomar ese plantel muerto y en solo 11 fechas volverlo candidato al título nacional. El DT recompuso a Cristal en función de un jugador que se había peleado con García: el paraguayo Javier Ferreira, y lo convirtió en principal asistente de su otra pieza clave: el emergente Andrés Mendoza. Con esa sociedad y bajo el liderazgo de Jorge Soto, Cristal ganó diez de los once partidos de la segunda rueda del Clausura -apenas cedió un empate 1-1 en la fecha 13 ante Pesquero en Chimbote-. Así, los cerveceros llegaron al final del campeonato empatados con Alianza y Boys con 42 puntos, y como su diferencia de goles y la de los íntimos (+18 en ambos casos) superaba a la de los rosados (+12), ambos clasificaron a un partido definitorio en detrimento de la 'Misilera' para determinar al ganador del Clausura y, por ende, segundo finalista por el título nacional ante Universitario.

Lo que ocurrió con pierna derecha

Llegaron 40,648 espectadores a las tribunas del estadio Nacional la noche del miércoles 16 de diciembre de 1998. Bajo las órdenes del árbitro Gilberto Hidalgo, el futból se echó a rodar desde las 20:00 con dos equipos sobrecargados por la exigencia física del final de la campaña pero que se entregaron en la medida de sus posibilidades en clima de auténtica final, aun cuando técnicamente se haya tratado de un partido de definición.
Erick Torres y Jorge Soto buscan cortar el avance de Sandro Baylón (Recorte: revista Don Balón Perú)
En Alianza, Édgard Ospina envió a Christhian del Mar en el arco; Carlos Basombrío, Sandro Baylón, Frank Ruiz y Marcial Salazar formaron la defensa; Juan Jayo y Juan Carlos Bazalar estuvieron en la primera línea de volante, y Jorge 'Loverita' Ramírez y Juan Saavedra formaron la segunda; en ataque, quedaron Claudio Pizarro y Roberto Silva. Por su parte, Franco Navarro dispuso en Cristal a Oscar Ferro en el pórtico; atrás usó línea de tres con Miguel Rebosio como líbero y Marcelo Asteggiano e Ismael Alvarado como stoppers; Jorge Soto, Roger Serrano, Erick Torres y Martín Vásquez formaron la línea de mediocampo que se completaba con el paraguayo Javier Ferreira ubicado delante de ellos como enganche; y en el ataque, el brasileño Nilson Esidio hizo dupla con Andrés Mendoza.

El partido comenzó con un incidente que lo marcó: en una de las primeras jugadas, Roberto Silva se golpeó el tobillo derecho y quedó inutilizado. El ariete, por entonces mucho más de moda que el propio Claudio Pizarro, no pudo seguir en el campo y envolvió a todo Alianza en un halo de preocupación. Apenas a los 9', Ospina tuvo que sustituirlo por Miguel Asprilla, pero los íntimos ya estaban tocados: mentalmente, Cristal había comenzado a ganarles el partido, y gracias al buen desempeño de Ferreira y un gran trabajo de la volante central encimaron poco a poco a los blanquiazules hasta generar la mayor cantidad de ocasiones de peligro sobre el arco de Del Mar.
El colombiano Miguel Asprilla observa la acción de Erick Torres y su intención de cortar un avance aliancista (Recorte: revista Once)
El quiebre llegó a los 40', justo cuando parecía que la primera parte se extinguiría con el marcador en blanco. No hubo mucho secreto en la fórmula: Ferreira avanzó por el centro del campo y cedió a Mendoza, quien ingresaba libre por derecha, en las inmediaciones del área blanquiazul. El 'Cóndor' vio venir a Salazar, y lo enganchó hacia fuera para dejarlo en el suelo. Quedó así en ángulo de disparar con su pierna menos hábil, pero no titubeó: con derecha, mientras Ruiz y Baylón querían cerrarlo, disparó lo más fuerte que pudo al primer palo de Del Mar. La pelota pasó por debajo de las piernas de los zagueros íntimos y se le coló al 'Loco': Cristal ganaba 1-0 y se llevaba el Clausura.

En el complemento, Alianza lo peleó como pudo, pero Cristal siempre mantuvo la batuta. Navarro hizo ingresar a Paulo Zabárbulo por Asteggiano en el medio tiempo y retrocedió a Torres a la zaga central, posición en la que el desempeño del 'Charapa' creció hasta convertirse en la gran figura de la noche. Rebosio también esutvo impecable en la anulación de Pizarro, quien no tuvo pelotas limpias, y otro que rindió gran desempeño fue Roger Serrano, muy atento en cortar los circuitos íntimos, sobre todo cuando Henry Quinteros entró al campo en vez de 'Loverita' Ramírez. En Cristal, Navarro tiró dos cambios más: Germán Carty por Nilson, en un recurso que solía emplear en la época, y Pablo Zegarra por Ferreira.
Andrés Mendoza define con su gol el título a favor de Sporting Cristal (Recorte: revista Once)
El pitazo final le dio a Cristal una alegría impensada. En el campo, celebraban todos: Jaime Noriega, presidente de la Comisión de Fútbol cervecera, no se cansaba de desvivirse en elogios al técnico Navarro y de decir que él había logrado el milagro de sacar al equipo de un pozo. A Franco, mientras, lo cargaba en hombros un jugador que no había actuado un solo minuto en el año por lesión pero formalmente pertenecía a Sporting Cristal: nadie menos que un símbolo íntimo, José Soto, traído de México por los cerveceros pero que se había golpeado en uno de sus primeros entrenamientos.

Lo que francamente podría haber ocurrido

Aquella final fue claramente para Cristal, que luego jugó la final contra Universitario y la perdió por penales, sin que eso causara mucha pena en un Rímac ya suficientemente feliz por haber logrado lo imposible al clasificarse para disputarla. ¿Pero y si la ganaba Alianza? Difícilmente alguien habría podido cuestionar a Navarro, quien ya había conseguido lo que nadie esperaba, pero ciertamente no habría tenido el lanzamiento como técnico que alcanzó con ese cartel de campeón del Clausura en solo 12 partidos de trabajo.
Sporting Cristal ya celebra el título del Torneo Clausura en un peleado encuentro ante Alianza (Recorte: revista Don Balón Perú)
¿Habría tenido menos estabilidad Navarro en La Florida de la que gozó a posteriori, acaso? Tampoco exactamente. Es presumible que igual la confianza se le hubiera ratificado, pero no necesariamente con toda la convicción del caso. Apenas medio año después, Navarro fue cesado y reemplazado por el argentino Rodolfo Domingo Motta, puesto que así como Noriega era fan suyo, otro sector de la directiva cervecera lo consideraba un entrenador con muy poca experiencia para el cargo. No tendría, por ejemplo, por qué haberse diferenciado quizá tanto a Navarro de quien entonces corría en paralelo como asistente en Cristal: Leonardo Rojas, quien luego acabó convertido en la mano derecha de Franco en la mayoría de los clubes que dirigió, como actualmente en Vallejo.

Lo que sí queda claro es que Navarro, en años posteriores, tuvo un aval muy importante en aquel Clausura 1998 para legitimar que se le entregaran nuevos retos. Cuando en su siguiente experiencia tomó Estudiantes de Medicina y volvió a meterlo en una definición de torneo corto, se dijo que se estaba ante un técnico predestinado a ser ganador y pelear siempre instancias grandes. No volvería, sin embargo, a gozar de la opción de disputar una final hasta 2010 con León, otra vez viniendo desde abajo con un plantel a priori inferior y que él construyó a su usanza y medida.
El paraguayo Javier Ferreira, valor fundamental en aquel Cristal para conducir los ataques celestes (Recorte: revista Once)
Quizá el recuerdo de aquella final de 1998 sí ha incidido en la forma en que Navarro ha preparado posteriores finales. Él era, por envión, favorito ese año con Cristal. Y con Medicina y León, pese a tener plantel menos poderoso que sus rivales de turno (Cienciano y San Martín, respectivamente), basó sus planteamientos en madrugar al rival con la fuerza del equipo que viene en racha, sin calcular tanto lo que se haría en un partido en el que otros típicamente saben ser más reservados.

En cualquier caso, sí queda claro que aquel éxito de albores de carrera de Navarro ha terminado siendo, para él, más una mochila que cargar que un diploma que lucir con el paso de los años. Algo así como el traje dorado que nunca más se pudo volver a poner, y aunque nunca ha caído en el discurso fufullero de otros técnicos peruanos de echar culpas a la falta de facilidades que otros clubes -a diferencia de Cristal- para trabajar, sí se nota que no ha tenido el espacio cómodo para crecer, sino que más bien arrastra una especie de ansiedad por volver a lograr lo que alguna vez, acaso demasiado temprano, pudo gozar.

Los efectos colaterales

Pero aquella definición de 1998 no habría solo tenido efectos sobre la carrera de Navarro de haber discurrido por un rumbo distinto. Para Édgard Ospina, sin duda, ganar aquel Clausura habría sido un envión enorme. El colombiano también había tomado un Alianza sin mucho brillo -el que dejó Jorge Luis Pinto- en medio de serias dudas sobre su idoneidad para el cargo, y más allá del comentado buen momento de la dupla Silva-Pizarro, su propuesta de juego tampoco había alcanzado un nivel muy convincente. Como campeón, aun de torneo corto, Ospina podría haber legitimado su nombre desde el saque en el Perú y haber tenido quizá más aval que al año siguiente, cuando un entuerto telenovelesco lo sacó del cargo de modo intempestivo pese a haber entonces sí alcanzado con Alianza un rendimiento futbolístico aplaudido por todos en Matute.
Asumió sobre la marcha el timón rimense, pero Franco Navarro logró enderezar el rumbo de su equipo para terminar ganando el Clausura 1998 (Recorte: revista Don Balón Perú)
¿Podría haberle ganado Alianza a Universitario la final de 1998? Difícil creerlo a la luz de lo que ocurría por aquellos años, cuando los cremas solían derrotar a los íntimos en cuanta definición se presentaba. Pero si se atiende puntualmente al desempeño de 1998, la verdad es que en el Clausura el Alianza de Ospina había demostrado mucha superioridad sobre la 'U' de Piazza, al punto de que unas semanas antes la había vapuleado por 0-3, en la última goleada registrada en clásicos a favor de los íntimos hasta la actualidad. Habría que considerar, eso sí, que lesionado Roberto Silva ante Cristal, no habría podido estar presente en las finales ante los merengues, por lo cual igual la potencia ofensiva de Alianza se habría visto mermada.

Otro protagonista cuyo destino quizá habría sufrido alguna alteración es Andrés Mendoza, quien si bien ya ostentaba para el momento del gol a Alianza ocho tantos conquistados con Cristal bajo la batuta de Navarro, legitimó sin duda su gran momento como promesa del fútbol peruano a partir del tanto que definió aquel Clausura 1998. Es posible que su carrera igual hubiera seguido en crecimiento, pero el plus que le dio disputar las finales ante la 'U' y sobre todo aquella Libertadores de 1999 contra los clubes chilenos para impulsarlo a pegar el salto a Europa seis meses luego fue trascendental. Por eso, quizá el 'Cóndor' no habría volado tan rápido de haberse definido esa final de otra manera.
Cargado y lesionado, Roberto Silva tuvo una pésima noche de definición ante Cristal (Recorte: revista Once)
Por último, queda claro que a Cristal aquel título del Clausura 1998 le significó una alteración respecto de lo que hasta entonces había sido la escuela que había marcado su rumbo. Del éxito basado en la labor metódica y a largo plazo que caracterizó los años noventa en La Florida, de las manos de Juan Carlos Oblitas y de Sergio Markarián, se pasó a un goce pasajero, a un placer de momento y muy peruano corto plazo que no necesariamente era lo que se acostumbraba abajo del puente. ¿Cuánto tiempo le tomó a Cristal retomar la óptica correcta, si es que ahora recién puede presumir de eso?

Por eso, quién sabe si a la larga, lograr aquel campeonato no fue, para los protagonistas que lo alcanzaron, más una resta que algún tipo de suma.

Composición fotográfica: Roberto Gando / DeChalaca.com
Recortes: revistas Don Balón Perú y Once


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