Tiene 78 años de fundación, apenas dos temporadas en Primera, 400 socios, 90% de sus acciones a cargo de un grupo inversor y una investigación por ser considerado como un paraíso fiscal deportivo. La historia del Boston River, rival de Comerciantes Unidos en la Sudamericana, resulta más que peculiar.

 

    Alonso Cantuarias | @alonso_cantu
    Redactor

El cielo no es límite para Boston River. El club uruguayo vive una época de cambios y hazañas. De estar en el amateurismo por más de cuatro décadas y haber pasado otros dieciocho años fuera del circuito profesional por no tener estadio, en los últimos tres años ha logrado dos grandes hitos deportivos: ascender por primera vez a la Primera División del futbol uruguayo y clasificar a un torneo internacional. Juega la Copa Sudamericana, torneo en que el destino quiso que enfrente a Comerciantes Unidos. Pero estos méritos deportivos también tienen un lado B, marcado por investigaciones judiciales a su manejo administrativo.

Entre sastres y balones

Su origen como club se dio en el barrio de Bolívar, Montevideo, el 20 de febrero de 1939. Respecto al nombre institucional, este fue producto de un doble homenaje. Por un lado, a la sastrería Boston, lugar de trabajo de varios de los integrantes del equipo. Por otro lado, el nombre de River fue incorporado en honor al primer presidente de la institución, el señor Juan Deri, un respetado ciudadano argentino de la zona que acompañaba siempre al club y que era hincha de River Plate.

La primera camiseta que utilizó el equipo fue blanca y negra, a rayas verticales, y se las había donado un vecino. Posteriormente, luego de una colecta en el barrio se decidió confeccionar una nueva indumentaria y es allí donde entra la casualidad.

Una de las primeras formaciones de Boston River de la que existe registro: la de 1956 (Foto: Anotando Fútbol) 

En un principio los integrantes del equipo tenían la intención que su casaquilla sea igual a la de River Plate. Pero el dueño de la tienda les dijo que al lavarse, las camisetas se desteñirían y quedarían rosadas. Por ello, les ofreció unas telas que tenía en oferta, que incluían una camiseta a bastones verticales de color verde y rojo. Es así como un consejo de lavandería y una oferta de ventas terminaron por institucionalizar los colores del club.

Del club amateur al fondo inversionista

Durante quince años, Boston River disputó diversos campeonatos barriales hasta que en 1954 se afilió a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y comenzó su actividad en los torneos de la Extra B (Quinta División). En ese mismo primer año se consagró campeón y obtuvo su primer ascenso a la Extra A (Cuarta División), torneo que también ganaría al cabo de dos años (1956), para pasar a jugar en los Torneos de Intermedia (luego llamada Primera C) hasta 1981 donde por problemas de diverso índole el club se retiró de las competencias de la AUF.

Fueron dieciocho los años en los que el equipo del barrio de Bolívar no tuvo actividad oficial vinculada a la AUF. Los problemas económicos y el hecho de no tener una cancha fueron los principales impedimentos para que los verdirrojos volvieran al circuito profesional. Pero en 1999 la situación cambió. Así como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante, las normas de la AUF fueron interpretadas de otra manera y gracias a ello Boston River volvió a ser parte de los campeonatos oficiales: ingresó a la Liga Metropolitana Amateur (actual Segunda División Amateur) junto a Alto Perú y Sportivo Italiano, que estaban en la misma situación.

Martín Cardetti y Carlos Navarro Montoya, argentinos que estuvieron un tiempo como inversores del Boston River (Foto: Últimas Noticias) 

En 2009 el club dio un giro de 180 grados al convertirse en la segunda Sociedad Anónima Deportiva del Uruguay. ¿Sus inversionistas? Un grupo de exjugadores argentinos donde sobresalía la figura del exarquero de Boca Juniors Carlos Navarro Montoya, quien se interesó en el proyecto junto con Martín Cardetti, Walter Silvani y Horacio Carbonari. Con un 90% de las acciones del club en manos de un grupo inversor y solo un 10% en manos de los socios, Boston River continuó su camino ascendente y comenzó a captar la atención al punto de tener un reality televisivo llamado Once Pasos. Estilo Atlas en Argentina.

Pero así como los reflectores y el dinero llegan de improviso, también son capaces de ser fugaces. En 2014, el grupo de inversionistas argentinos dejó el club y la precariedad volvió a instalarse en el club hasta que se realizó una nueva transferencia administrativa.

Hermandad bolivariana

A través de una gestión del secretario general de Boston River, Roberto Perdomo, el club fue ofrecido y posteriormente transferido al empresario libanés nacionalizado venezolano Edmundo Kabchi, quien también es propietario del Deportivo Táchira. Además, en los últimos años estuvo ligado al Málaga de España al comprar porcentajes de un grupo de futbolistas, ya que también es agente de jugadores.

Edmundo Kabchi, empresario que es el actual propietario del Boston River (Foto: Elsegmento) 

Bajo la administración de Kabchi, el cuadro verdirrojo logó alcanzar el tan ansiado ascenso a Primera División durante la temporada 2015/16. Sorprendió aún más al clasificar a la Copa Sudamericana luego de terminar en la sexta posición en su primera incursión en la élite del fútbol uruguayo.

En paralelo a los logros deportivos, Boston River también fue noticia por inaugurar en junio de 2016 su propio complejo deportivo llamado Edmundo Kabchi en el distrito de Manga. Una de las particularidades de estas instalaciones es que en su cartel de bienvenida tiene los escudos del Boston y de Táchira con la leyenda “Hermanados por el fútbol”. Asimismo, de cara al futuro, en ese predio está planificada la construcción de su estadio.

La otra cara del éxito

La historia de Boston River se ve opacada por una investigación llevada a cabo por la Administración Federal de Ingresos Públicos de Argentina en 2012, al ser catalogado como un paraíso fiscal deportivo. La razón de esta investigación se dio porque dicho organismo consideró que tanto el equipo verdirrojo como otros seis clubes uruguayos (Institución Atlética Sud América, Fénix, Club Atlético Progreso, Club Atlético Bella Vista, Club Atlético Cerro y Rampla Juniors FC), dos chilenos (Unión San Felipe y  Rangers) y uno suizo (Locarno), sirven para la tenencia de derechos federativos de futbolistas que nunca se desempeñan allí.

Boston River y el día de la celebración por su ascenso a Primera, en 2016 (Foto: prensa Boston River) 

Dicho en otras palabras, esta maniobra se configura a partir de que un club argentino paga un "préstamo" o una "cesión" al club del exterior que funciona como un paraíso fiscal deportivo; luego el club del exterior le paga la comisión al representante, el derecho al inversor y la prima al jugador. Todo se hace fuera de la Argentina para ocultar el verdadero ingreso a la AFIP. Respecto de la razón por la cual hubo varios clubes uruguayos, esto se debe a que el régimen tributario en Uruguay es más beneficioso que en otros países.

A partir de estas irregularidades, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, envió una nota al entonces presidente de la AFA, el fallecido Julio Grondona, y también al entonces titular de la FIFA, Joseph Blatter, en la que detalló las maniobras en la compraventa de jugadores. En el documento, el funcionario señaló que si los dirigentes de los clubes permiten la contratación de profesionales de fútbol a través de operatorias irregulares y no lo denuncian ante la AFIP, no hacen más que convalidar la maniobra de fugas de divisas y evasión impositiva. De esta manera, le dan la espalda a los socios, que con su aporte genuino y transparente sostienen las arcas de las instituciones.

En aquel contexto, el secretario de Boston River, Roberto Perdomo, señaló que la triangulación de pases de jugadores es práctica común en el fútbol uruguayo y tiene una explicación lógica: Uruguay para la FIFA está categorizado en cuarta categoría, por lo tanto el impuesto que se debe pagar es mucho menor si se hace a través de un equipo de cuarta categoría como es cualquier cuadro de Uruguay, que si se hace en un equipo de Europa. Para muestra, el último gran ejemplo fue el de Diego Guastavino, quien tuvo que ser registrado en este equipo, procedente del Querétaro mexicano, para ser fichado en la Universidad de Concepción. Todo porque los 'Gallos Blancos' necesitaban liberar un cupo de extranjero para la llegada de Ronaldinho y les urgía hacer una transferencia.

Boston River tendrá su primera experiencia internacional en la Copa Sudamericana 2017 (Foto: prensa Boston River) 

Si bien la investigación no probó la culpa de Boston River, este episodio incrementó las anécdotas de un club acostumbrado a los imprevistos administrativos. Y es que si bien es una Sociedad Anónima Deportiva, hay situaciones que recuerdan el origen amateur del club de Bolívar, ese que se gestó en medio de los sastres y los balones.

Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.com
Fotos: Anotando Fútbol, diario El Observador de Uruguay, Elsegmento, Últimas Noticias, prensa Boston River


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