La Curva Diagonal: ¿Número en extinción?
Se viene discutiendo que el tiempo del tradicional número '6' en el fútbol está llegando a su fin. Sin embargo, la nueva concepción del volante de primera línea no es tan novedosa en realidad, y quizá hasta le convendría a la selección peruana.
Sin mucha habilidad, fuertes, gritones, usualmente tarjeteados y, principalmente, golpeadores. Por allí que llega a esperarse que den algunos pases seguros y cortos. Esas son, en grueso, las características que se espera tenga un volante de contención. O al menos esa es la idea que se ha tenido en las últimas décadas.
Luego del Mundial de Sudáfrica y del predominio del 4-2-3-1 como sistema, se ha planteado el cuestionamiento de si el perfil descrito se mantendrá de cara al futuro. Puntualmente, hace algunas semanas Alberto Beingolea puso en el tapete esta pregunta en Partido Aparte: ¿habremos comenzado a asistir a la desaparición del '6'? Acá, algunas luces sobre el tema y la opción de que, quizá, más que desaparecer, la figura del volante de primera línea está comenzando a involucionar.
El efecto Mundial
Ocurrió en el país de Mandela que se observó a la mayoría de los equipos usando dos volantes de atraque delante de la línea de cuatro y detrás de otros tres creativos bastante movedizos. Así se presentaron España, el campeón, Holanda, su escolta, y Alemania, tercer lugar en la Copa del Mundo. Uruguay, el cuarto no jugó así: tuvo o dos o tres volantes de marca según las necesidades (cuando eran dos, formaba con cuadrado al medio). Aún así, los celestes entran en la constante de que los '6' que usó eran más jugadores que pegadores. Así, ni siquiera los uruguayos, con su reconocido juego brusco, pusieron perros mordedores en la cancha. Ni Arévalo Ríos ni Pérez -contra lo que se conocía de ellos- resultaron unos picapiedras, sino que hasta lucieron limpios y generosos en la recuperación, y claros y obsequiosos cuando se sumaban al ataque.
Así, el '6' que entendemos como clásico, el tradicional, ese que trabaja solo en la media cancha haciendo el cerrojo y mandándole trabajo extra al médico del rival para luego del partido, no estuvo en Sudáfrica. Ni Mascherano ni Felipe Melo. Ni Busquets ni De Jong (aunque este último sí pateó como mula en la final), casi nadie se dedicó a repartir leña. Todos son trajinadores y recuperadores pero sobre todo, arman juego. Y el asunto, ojo, va más allá de esquemas: selecciones en las que predominó más bien el 4-1-4-1, sistema en el cual el '6' habría de actuar como ancla total, mostraron a jugadores de generoso ida y vuelta: Anthony Annan en Ghana o Yuki Abe en Japón, por ejemplo.
Aquí también era así
Para hacer más clara la idea, véase el torneo local. Ahora no es fácil encontrar un volante carnicero. Ese tipo de jugadores que encarnaba a la perfección el 'León' Martín Rodríguez. Conocido en el medio como La quita bien pero la entrega horrible, su trabajo en primera línea encaja en el molde planteado: así tenía que ser un '6'. Pedro Garay, Roberto Aspe o Roger Serrano son algunos otros noventeros, por citar algunos nombres, que en menor medida podrían haber reflejado el estereotipo.
Sin embargo, aquí mismo y ya desde antes del Mundial, acaso desde toda la década que pasó, cuesta ubicar a los que llevan el hacha afilada. Si se repasan los actuales planteles del Descentralizado, como '6' a la antigua se puede contar a Alan Rodríguez (de sangre le viene la cosa) en Alianza Atlético y, tal vez, a Antonio Gonzales en Universitario, aunque hace ya un tiempo que 'Toñito' se dedica más a jugar que a pegar.
Quizá algunos otros como Miguel Cevasco en Aurich, Luis Collantes en Gálvez o Jaime Linares en Cienciano también sean muy poco afines a ir al frente, pero a diferencia de los primeros, sí saben jugar con el balón en los pies. Incluso los hijos de los noventa, como Juan Jayo o Juan Carlos Bazalar, fueron con el correr de sus carreras aprendiendo a ir más hacia el frente y quizá la imagen que dejen en las retinas, más allá de su innegable trajín, sea de los goles que alguna vez marcaron yéndose adelante.
El regreso del seis
Se puede decir, entonces, que ha desaparecido el '6'. Sí, claro. Pero es más exacto decir que ha reaparecido. Antes del tiempo de los Rodríguez por acá o de los Simeones más allá, el volante de primera línea se parecía más a lo que hoy se muestra como tendencia. Desde siempre el centre half (centrojás) fue el dueño de la cancha, el más rudo del juego, pero con visión, buen pie y gol. Así fueron Luis Monti, Miguel Andreolo y Obdulio Varela, echándose hasta muy atrás en los calendarios. Así también fueron Gerson y Beckenbauer (cuando no estaba de líbero) en la historia menos lejana.
En nuestro país, los '6' de antaño más significativos han sido aquellos que fueron al frente. Segundo 'Titina' Castillo era, más que el candado, el pulmón del equipo de Berlín, del Boys de los treinta y del Universitario de los cuarenta. Don Cornelio Heredia, patrón si los hubo en el Alianza cincuentero, quitaba pero sobre todo porque luego armaba. Ramón Mifflin tenía un ida y vuelta constante, una capacidad de habilitar con precisión a 40 metros y también hacía goles. Después José Velásquez supo golpear y guapear, pero más sabía jugar.
¿El quiebre, entonces, cuándo estuvo? Quizá entre mediados de los ochenta e inicios de los noventa, cuando la volante en cuadrado fue el esquema que pasó a predominar y se creyó, por un tiempo en el imaginario del fútbol mundial, que los dos mediocampistas que marcaban podían funcionar independientemente de los dos que generaban. Fue la era dorada de los Batista, los Dunga o los Deschamps. Una era que comenzó a caducar un sábado 18 de junio de 1994 en el Rose Bowl de Pasadena, California, cuando un DT rumano llamado Anghel Iordanescu, con un planteamiento de marcaje en zona, destruyó el cuadrado colombiano y le explicó al mundo que números '6' colombianos como Leonel Álvarez o Gabriel Jaime Gómez, que jugaban desconectados de la mitad ofensiva de su campo, sencillamente se convertían en jugadores de menos si solamente servían para quitar y el rival atacaba con pelotazos largos, por lo que el balón nunca pasaba por mitad del campo.
Todo cambia, todo se termina
En el fútbol, como en todo en el mundo, las cosas dan vuelta. Se está regresando a la etapa del ciclo en la que se da prioridad al buen juego. Habrá quienes crean que los sistemas son principalmente defensivos, pero habemos otros que pensamos que lo que pasa es que se defiende mejor.
Finalmente, la anterior es otra discusión. El tema es que se está dejando de pegar para volver a jugar. ¿A quién le conviene eso? Pues a los que mejor juegan. Siempre se ha creído que la principal virtud del futbolista peruano es el toque, justamente. Hoy Perú tiene un técnico que también lo piensa. Por eso, quizá, es que proclama que quiere una bicolor que juegue con volantes de mucho trajín y que participen incisivamente en el ataque. Markarián sabe bastante: ha visto algo bueno en los '6' locales y los estaría disponiendo a jugar tal como juegan los mejores del mundo. Habrá que contrastar si esta nueva tendencia lleva a la blanquirroja a mejores resultados.
Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com
















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