Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comEn una noche inolvidable, Lanús se metió en la historia del fútbol sudamericano con una remontada para los libros. Con el VAR como protagonista, por un penal decisivo a su favor determinado por el video y otro no indicado a favor de River, pero con Sand como inmenso héroe, el 'Grana' hizo claudicar con un 4-2 al River de 'Napoleón' Gallardo y llegó a la final de la Libertadores.

 

    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

Enviado especial a Lanús

¿Fue el VAR el factor decisivo para explicar el épico resultado que mete a Lanús en la historia de las grandes remontadas de la Copa Libertadores?

Sí fue un factor decisivo; pero no fue el único decisivo, y tampoco el que mayor determinación ejerció sobre un partido que quedará tatuado en el alma de los 212 mil habitantes de esta ciudad del Sur del Gran Buenos Aires. Una en la que minutos antes del inicio de las acciones cayó una garúa tímida, tibiecita, cuasi limeña y acaso imperceptible para cabezas acostumbradas a cántaros de agua y los paraguas del caso. Una que fue casi lagrimitas de pena para una ciudad, la de Lanús, que vivió instantes de drama en un arranque de terror, y mudó las nubes de tormenta para que se ciernan esta madrugada unos kilómetros al norte, en Núñez, allí donde la noche es efectivamente una de brujas.

Fue decisivo el VAR porque se empleó por primera vez en un torneo Conmebol para firmar la jugada que selló la llave. Román Martínez fue trabado por Gonzalo Montiel en el área grande cuando un balón los había sobrado y, pese a que el árbitro central Wilmar Roldán no había visto la falta, la terna arbitral de video, encabezada por el uruguayo Andrés Cunha -sí, el mismo que no sancionó la mano de Raúl Ruidíaz previa a su gol a Brasil en la Copa América Centenario-, le apuntó que ella sí había existido. Alejandro Silva envió el balón a guardar y así se consumó un 4-2 labrado en solo 25 minutos de furia y Fortaleza.

Fue decisivo, también, el VAR por omisión instantes antes de que ese tsunami de aires granates la emprendiera contra el arco de Germán Lux. A los 40', con el partido 0-2 y River con un pie, cuatro dedos y cinco uñas en la final de la Libertadores, Iván Marcone le puso la mano a un balón atropellado por Ignacio Scocco en el área de Lanús. Pero Roldán interpretó que el claro contacto no había sido con intención de por medio; y Cunha y compañía o bien ratificaron la visión del juez principal -lo más probable- o este no quiso oírlos, duda que subyacerá mientras el diálogo entre jueces no sea público, como en el rugby. Como fuere, el hecho es que más allá de la claridad de la mano, el reglamento, guste o no, permite que sea el juez quien juzgue si la intención existe; y así esto pueda no gustar a quienes, como el que escribe, piensan que toda mano en el área debería ser sancionable como penal para cortar por lo sano con tanto entuerto, lo cierto es que estaba en facultad última de Roldán creer que Marcone no quiso jugar el balón -acaso el gesto de culpa del volante luego del impacto lo condena más ante las cámaras que el movimiento del brazo en sí-.

Ignacio Scocco supera a Diego Braghieri. Durante el primer tiempo, River Plate tenía el boleto a la final de la Libertadores. (Foto: AFP) 

Pero hubo más aspectos decisivos en la noche de Guidi y Arias, las calles que desembocan en el rincón más feliz de Lanús y del fútbol de Sudamérica a esta hora. Porque más allá de haber estado dos o tres goles en contra, el de Jorge Almirón era un equipo con aroma a boxeador liquidado, fulminado sobre ese final de primer tiempo. Por un River que en aplicación de su consabido libreto de toque tan articulado como eficaz había causado daño con el penal de Scocco y el cabezazo de Montiel al punto de darse por ganador para sí y para todos en ese arranque letal. Con un todismo de su primera línea de volantes, con Enzo Pérez y Ariel Rojas como íconos, que se devoraba al famoso tridente granate formado por Lautaro Acosta, José Sand y Alejandro Silva, cuasi espíritus fantasmas que no hilaban un buen pase entre sí y se perdían en imprecisiones que denotaban ánimo mellado. Esa fue la zona del campo que gravitó toda la noche; y el que la ganó y copó fue el equipo que, según el momento, estuvo arriba en el marcador.

En esa línea, el factor que mejor determinó lo sucedido tuvo firma definida. Se llama José, se apellida Sand y le dicen gol. Nació en River pero vive, revive y se eterniza en el corazón de Lanús por noches como la de este martes. Su coraje se había topado en casi partido y medio de esta semifinal con la presencia tozuda del dúo Jonatan Maidana - Javier Pinola. Lo habían anulado en el 'Monumental' y estaban tan tranquilos ante su escasa participación en 'La Fortaleza' que acaso lo descuidaron en esa del estribo: la del final del primer tiempo, la que parecía para la estadística. Cuando Acosta, el otro emblema de la raza granate, se perdía en discusiones y reclamos al asistente Alexander Guzmán que crispaban al estadio, Sand lo levantaba con su gesto. Ese que repitió en el arranque del complemento, en ese segundo 44 que constituyó la fórmula farmacéutica para revertir el encuentro. Léase bien: el ánimo del encuentro, pues el marcador aun favorecía a River en el global y le exigía dos goles a Lanús.

En consecuencia, lo que ocurrió luego fue que el cerco de la primera línea millonaria se rompió. Que los laterales Montiel y sobre todo Milton Casco -reemplazó al lesionado Marcelo Saracchi- comenzaron a sufrir toda la carga de un ejército. En esos primeros 20 minutos del segundo tiempo, si Marcelo Gallardo era Napoleón, Acosta pasó a ser Von Blücher con su estocada angustiosa para el tercero y Sand, el duque de Wellington que lideró la épica. Y Silva, el rebelde lugarteniente que se apropió del balón en el penal sin pensar en dárselo a sus jefes, fue acaso el Rebecque que desobedeció felizmente las órdenes para acabar determinando el Waterloo de River. O si se quiere extraerlos de la enciclopedia y llevarlos a la historia de Lanús, podría decirse que fueron los tres Globetrotters que 61 años después de Daponte, Guidi y Nazionale orquestaron preciosa y precisamente una sinfonía mejor que la de cualquier Banda.

Lautaro Acosta y el rostro de la felicidad. Notable remontada de Lanús y la clasificación a la final de la Libertadores 2017, la primera que disputará en su historia. (Foto: AFP) 

Sin duda, la brillantez de esta generación millonaria, y del napoleónico proyecto de su técnico -aun muy lejos de Elba o Santa Elena- no están en discusión por un resultado o por 25 minutos de obnubilación. Incluso con el global en contra, River fue al frente otra vez y consagró al de este 31 de octubre de 2017 como un partidazo no solo por la gesta de Lanús, sino por lo cara que vendió la derrota el equipo de Gallardo. La ironía lo dejó a un tiro al palo del pase a la final, justo luego de que un balón disparado por Pinola rebotara en el pie.. de Sand, y se estrellara en la base del vertical izquierdo de Esteban Andrada. En esa postal quedó claro que el partido tendría, en cualquier caso, un solo gran e inmenso protagonista, y que su apellido no era Gallardo ni Bonaparte.

Foto: AFP


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La ficha del Lanús 4 - River 2

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