África al rojo vivo
Se jugó la final de un campeonato que últimamente es seguido ya no tan de reojo en Latinoamérica: la Copa Africana de Naciones. El encuentro enfrentó a Egipto y a Camerún en Accra, la capital de Ghana -país sede del torneo- y fueron los faraones quienes, con un tanto de Mohamed Abou Treika, ratificaron el título obtenido hace dos años en sus tierras.
Dicen que el fútbol es un juego injusto. Que no necesariamente gana el que juega mejor y que el balón a veces premia al que menos se lo merece. Pero en la lejana Accra -capital de Ghana- este deporte que mueve masas se encargó de reconocer la paciencia y perseverancia egipcias y le otorgó al conjunto rojo una oportunidad inmejorable que Mohamed Abou Treika no desperdició para darle a los faraones su sexta Copa Africana.
NO TODO ES FORTUITO
La jugada de quiebre ocurrió en el minuto 77. Una pelota larga mandada
hacia el área camerunesa fue correctamente cubierta por el recorrido
Rigobert Song, pero la presión de Mohamed Zidan se hizo insoportable
para el veterano zaguero. Al ingresar en su área, Song perdió el balón ante
el delantero egipcio, quien cedió con gran esfuerzo al ya nombrado Abou
Treika, apodado el 'Mago', para que decretara la victoria y la copa para el país de las
pirámides. 
Este gol se podría considerar como una jugada aislada del verdadero trámite del partido, pero esta afirmación tiene poco de verdadera. Si bien fue un blooper, el gol fue también consecuencia de la presión de Zidan y el preciso acompañamiento de Abou Treika, lo cual resume a la perfección lo que se vio durante todo el encuentro: un Egipto dominador que arrinconó a un timorato Camerún cuyas esperanzas estuvieron cifradas en la seguridad de Idriss Carlos Kameni y en el oportunismo de Samuel Etoo.
Y aunque el guardameta de los Leones Indomables fue el principal responsable del cero en el marcador durante 77 minutos, el goleador camerunés - y del certamen, dicho sea de paso- fue abandonado a su suerte en el ataque e hizo poco o nada ante la segura y sobria defensa egipcia. Y es que la táctica de su equipo consistió en aguantar bajo los tres palos los embates faraónicos y apelar al contragolpe esperando obtener los mismos réditos que ante el anfitrión, Ghana, en la semifinal.
SISTEMA PIRAMIDAL
Fue debido a lo anterior que el control del campo estuvo en manos del equipo egipcio y de su ordenado mediocampo, a cargo de Emad Moteab. Los faraones jamás desesperaron ante la cerrada defensa camerunesa y conservaron la calma suficiente como para mantener a los Leones Indomables a su merced.
Pero la salida de Moteab para darle oportunidad a Mohamed Zidan -inexplicablemente sentado durante toda la segunda fase de la Copa- fue el primer gran cambio en el desarrollo del partido y de ahí en adelante la presión del equipo rojo se torno asfixiante.
Y fue justamente luego del gol egipcio que la táctica del alemán Otto Pfister, entrenador de los cameruneses, se desmoronó y su equipo se fue en avalancha en busca del empate. Y aunque en ese último cuarto de hora logró acercarse al arco del equipo dirigido por Shehata, pagó muy caro su mezquindad de casi 80 minutos y tuvo que conformarse con ser el antagonista de una celebración marcada por el color rojo.
Al final el fútbol termina siendo como la vida. Puede ser justo o injusto a veces pero termina premiando a largo o corto plazo el esfuerzo humano. Como este equipo egipcio que hace un par de años viene imponiéndose en el continente africano tanto a nivel de clubes (el Al-Ahly de El Cairo ganó la Copa de Campeones de África en 2005 y 2006, y solo perdió la última edición en la final a manos del Etóile du Sahel de Túnez) como en materia de selecciones. Una final de un torneo como la Copa África demuestra que el deporte rey se encuentra hasta en los lugares más recónditos del planeta, como una ciudad llamada Accra de la cual muchos se acordarán por que un 10 de febrero el fútbol estuvo presente en ella en su máxima expresión.
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