| Abajo flaquea y abajo se queda |
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| Escrito por Raúl Behr | |
| domingo, 24 de agosto de 2008 | |
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La derrota en Chimbote dejó en claro que el funcionamiento defensivo de Alianza es más que desastroso. Los dos goles de los últimos minutos maquillaron el resultado (4-3) de un partido que pintaba para papelón. Gálvez fue muy superior y, con una delantera de temer, se consolida como uno de los locales más fuertes del Clausura. Fotos: Diario de Chimbote Los niños de Chimbote tienen todo el derecho a reclamar. Ayer, en plena cancha del estadio Centenario Manuel Rivera Sánchez, se desarrolló una atracción a la que solo fueron invitados los jugadores de José Gálvez: un parque de diversiones sin parangón en todo el universo. En eso se ha convertido la defensa de Alianza Lima, infantil por antonomasia. En fuente de dicha para los demás. Más fastidioso que su apelativo ('Torito'), Meza Cuadra se las ingenió para arremeter, estrellarse, rebotar y desconcertar a una zaga blanquiazul que daba palmadas fallidas al aire, mirando hacia la nada esperando una señal, un zumbido que avisara su irrupción. De este modo, le dejaron vía libre para ganarse un '8' sin objeciones.
Si con la aparición (aceptable) de Aldo Corzo, Alianza ha resuelto parte de sus problemas por la banda derecha, el sector opuesto sigue clamando auxilio. Carlos Fernández, cuya espalda es superada con pasmosa facilidad, ratificó que no es lateral izquierdo. Algunos se esperanzan con la reaparición de Manuel Corrales, que una lesión sigue dilatando. Aunque, sabiendo que el ex jugador del Metz tiene una vocación primordialmente ofensiva, poner un tapón por izquierda será más difícil de lo que se cree. Sumado al problema por izquierda, la zaga sigue evidenciando graves problemas de comunicación. Aún no se sabe qué tanto pueda contribuir el suspendido Salvaje Martínez, pues Boys, el único rival al que ha enfrentado, no fue una óptima tabla de medición. En Chimbote, ni Arakaki ni Peixoto rozaron los cinco puntos y se vieron vapuleados por las combinaciones de Meza Cuadra y Cruzado (con un gol cada uno), además del olfato asesino de Velázquez, que mató por partida doble.
Si bien influyó la salida por lesión de Forsyth (se retiró cuando el juego iba 1-1), porque Libman tuvo responsabilidad directa en dos goles, la culpabilidad absoluta recae en un equipo que defendió sin coordinación y sin alma. Al que los rebotes -como los del segundo gol- no inmutaban. Ante los cargamontones galvistas, no había una cabeza que se anticipara o una pierna que despejara con mediana solvencia: Alianza nunca se rebeló ante el infortunio. Que no se confunda con amor propio la arremetida final de Alianza, que incluyó dos goles en menos de un minuto y que acabó evitando la goleada. Los descuentos de Faiffer (87) y Arakaki (88) llegaron por un mal despeje y una mala salida, respectivamente, del arquero Muro. Pero en ningún momento hubo amague de 4-4. Los cinco minutos que pasaron entre el gol del Samurai y el final del partido transcurrieron sin sobresaltos. Chacón y Ronceros respiraron tranquilos, impasibles; incluso, el mismo Gálvez sobredimensionó su angustia haciendo tiempo a la espera del silbato final. Pero Alianza parecía ya conforme con haber impedido un papelón en las cifras. Como si la amenaza del descenso fuera solo coyuntural, un fantasma que desaparecerá con las fechas. Que tengan cuidado en Matute. No vaya a ser que en diciembre su último refuerzo tenga que ser un exorcista.
¿Desde cuándo no perdía Alianza en Chimbote? Comentarios
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