| Telenovela venezolana |
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| Escrito por Raúl Behr | |
| domingo, 10 de agosto de 2008 | |
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Alianza tuvo unos prometedores 20 minutos iniciales, pero la historia se desacomodó en el transcurso del partido. El gol de Ibarra hizo temblar a todo el Nacional, se multiplicaron las dudas y el modesto Melgar estuvo muy cerca de conseguir la victoria. Pero un zapatazo de Juan Carlos La Rosa a los 89 decretó el 2-1 definitivo y un final que, pese a todo, no fue tan feliz. Fotos: ANDINA, Abelardo Delgado / DeChalaca.com Ricardo David podría ser el nombre del personaje principal de cualquier telenovela venezolana. Pero en la escabrosa trama de este Alianza 2008, ya cualquiera puede serlo. Hoy fue Páez Jr., ayer fue Montaño, mañana será Quinteros. El héroe de la historia cambia mes a mes, semana a semana. Conclusión: el guión está mal escrito. Y si el guionista falla, ni el mejor director (Páez) ni los mejores actores (el jale de ocasión) podrán salvar la producción. Ante Melgar, por ejemplo, los victorianos tuvieron 20 minutos esperanzadores. Llegó el golazo de Ricardo David y dos mano a mano que Florentín y Gonzales Vigil se encargaron de dilapidar. Pero lo que parecía una goleada reparadora derivó en descontrol absoluto. Llegó el empate de Ibarra apenas acabado el descanso y de milagro la telenovela no se convirtió en película hindú.
El final no fue feliz, así a los 89 el zapatazo de La Rosa (desviado en una pierna arequipeña, peliagudo como el presente blanquiazul) haya desatado las gargantas en el Nacional. Porque no las desató solo para celebrar. También dio la ocasión oportuna para que los reproches tribuneros dejaran en claro que la protesta no solo llega en la derrota y que el triunfo no debe ser usado como analgésico temporal.
Como en fechas pasadas recayera en Bolognesi, Alianza Atlético y Sport Áncash, el papel de villano lo tenía esta vez Melgar. Hasta la pelotita terapéutica que usó Bobadilla para controlar los nervios le daba cierta teatralidad a su función. A pesar de contar con los servicios de un asesino a sueldo (de alias Checho), los rojinegros solo hirieron. Lo grave es que Melgar sigue siendo un equipo modesto, pero aún así pudo liquidar a Alianza. Cada aproximación a área aliancista (con las puertas abiertas dejadas por Reaño y Fernández), significó una larga pausa dramática. Lo que revela que los siguientes capítulos pueden ser trágicos. COMEDIA O TRAGEDIA Para sus rivales de siempre (la U, por ejemplo), la situación blanquiazul se ha vuelto el sitcom ideal para atenuar sinsabores coyunturales. Cualquier equipo que necesite consuelo no tiene más que engancharse a la señal aliancista y ver que aún se puede estar peor. Si las cosas no mejoran, el porvenir será invariable: será una historia de Segunda.
Forsyth, Corrales, Quinteros y el que siga. El reparto se ensancha, pero la ficción subsiste con un pésimo rating. Súmese a ello la cuota de imprevisibilidad literaria. Los nudos telenoveleros suelen sufrir de elementos confusos e incoherentes: el que murió en el capítulo pasado, resucita al siguiente con pasmosa anarquía argumentativa. Cualquier parecido con el potencial e inexplicable retorno de Juan Jayo, no es pura coincidencia. En este Alianza ya nada lo es.
¿Desde cuándo no se medían Alianza y Melgar en el estadio Nacional? Comentarios
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