Composición fotográfica: Aldo Ramírez / DeChalaca.comBayern reivindicó para sí los cañones y dispuso un arsenal que dejó en minúscula al Arsenal de Wenger. Los gunners fueron humillados y flagelados en Münich: el 5-1 quedó corto para el brutal y demoledor esquema todoterreno propuesto por Carlo Ancelotti.
    Roberto Castro | @rcastrolizarbe
    Director General

¿Algo puede llegar a ser peor para un goleador que no anotar? Este miércoles en el Allianz Arena, Robert Lewandowski ofreció la respuesta más clara: ni siquiera es hacerlo en arco propio, sino generar que alguien más lo haga allí. Así pasó cuando el polaco se llevó puesto, en un intento de rechazo, el muslo de Laurent Koscielny pasada la media hora de juego en Münich. Momento hasta el cual el Arsenal, anonadado y avasallado, no había casi ni cruzado el mediocampo para acercarse al área del Bayern.

Pero la Champions es así, impredecible, y por eso hasta Alexis Sánchez pudo celebrar el gol después de que Manuel Neuer le atajara el penal. El chileno, que había fungido de llanero solitario en la noche muniquesa, huérfano de apoyo por una línea medular gunner de cuatro hombres ligeritos y de escaso temperamento para un contexto como los octavos de final del mayor torneo de clubes del mundo, tomó el rebote y cobró. Era un 1-1 mentiroso, falsete; una estafa que iba a consumarse sobre la hora, cuando Alex Oxlade-Chamberlain, en el único desborde que logró plasmar en hora y media de juego, se escapó por derecha e hizo el pase de la muerte para que Mesut Özil, tocado para aparecer cuando él mismo no aparece, llegara a disparar recto a matar a la rodilla de Neuer.

La presente crónica ha empezado hablando del Arsenal como excusa para que el cuadro londinense aparezca en ella. Porque en realidad, su presencia en Bavaria fue un saludo a la bandera. De principio a fin, de cabo a rabo, por inga y mandinga, el Bayern fue superior. Y si hizo cinco fue solo porque no hizo diez. Que debió convertirlos por la cantidad de ocasiones de que dispuso y por el hecho de que si en el primer tiempo fue Alexis el mártir, en el segundo tiempo David Ospina debió blandirse él con sus guantes contra la furia de hasta nueve mastodontes de rojo que acribillaron su arco de modo inmisericorde. Por eso llegaron, uno tras otros, los gritos: el de Lewandowski como revancha personal y los dos de Thiago Alcántara, uno tras taco del polaco -si cometió un penal, ¿cómo no iba a poder despacharse con una de lujo?- y otro con un disparo que reflejó la impotencia del pobre Ospina: ni con dos manos y dos pies podía detener la furia bávara.

Vidal, Robben y Hummels, tres de los artífices de la goleada del Bayern sobre Arsenal. (Foto: AFP) 

Sin duda, esa maquinaria no se echó a andar sola. Carlo Ancelotti, quien más en silencio responde cuanto más se lo critica, dispuso un planteamiento brillante. Un 2-1-6-1 atrevido pero de visión totalitaria; destinado a copar el campo y abrirlo a más no poder. Un esquema extraño que flotaba a partir de Xabi Alonso como eje, parado de líbero delante de los zagueros centrales, y con doble circuito de tres a cada lado: por derecha, Phillip Lahm y Arjen Robben sostenidos por Thiago; y por izquierda, David Alaba y Douglas Costa soportados por Arturo Vidal. Lo más llamativo era que de los seis, eran Robben, Thiago, Vidal y Costa los que corrían desde su propio campo hacia el otro; y más bien los teóricos laterales, Lahm y Alaba, eran los más esquinados y ubicados posicionalmente más adelante, como los hombres más ofensivos del equipo luego de Lewandowski.

Ante ese verdadero arsenal, el Arsenal acabó siendo muy, pero muy falso. Un equipo, está, dicho, ligerito en la zona neurálgica del campo: Francis Coquelin era una veleta y Granit Xhaka puede tener talento pero no carácter para sostener un trámite así. A los lados, Oxlade-Chamberlain y Alex Iwobi fueron fantasmas ante el par de circuitos dispuestos por Carletto. La cosa se agravó con la lesión de Koscielny: el tibio Gabriel entró a pararse al fondo y el mundo gunner lo sufrió hasta cuando puso la mano para evitar un gol de Robben en acción que de manera grotesca la cuarteta serbia -el principal Milorad Mazic, mal asistido en esa jugada por su primer auxiliar Milovan Ristic- omitió sancionar como penal.

Si a todo lo descrito se suma que el Bayern desplegó lo mejor de su talento individual, la pregunta sigue siendo por qué el partido se quedó tan corto en goles cuando el local pudo llegar a la decena. Robben, al inicio del partido, puso su firma con un zapatazo de esos que recuerda que no ha sido el mejor del mundo solo porque él así no lo ha querido; Thomas Müller, al final del cotejo, necesitó una nada para recordar que por algo está llamado a lograr récords inalcanzables en los Mundiales, y que un golcito más en la Champions no cuesta más que 4 minutos en el campo.

Lewandoswki ante la marca de Mustafi. El polaco fue otro de los destacados en esta gran goleada bávara. (Foto: AFP) 

Ese fue el desenlace de una llave oleada y sacramentada salvo que la Champions se empeñe en ser caprichosa y que en tres semanas, el Arsenal saque fuerzas de una flaqueza que esta vez fue raquítica para conseguir, más que un milagro, que se produzca una hecatombe, una debacle total, una sucesión de hechos difícilmente más bochornosos que una presentación indefendible y que humilla dos décadas de un ciclo de trabajo que partidos así ponen muy en el tapete, hasta el punto de cuestionarse si Wenger merece hacerle él mismo a su imagen un daño así. Presentarse a una batalla así, con un cañoncito contra la Luftwaffe en pleno, es una falta de respeto al fútbol y a algunos rótulos bien ganados.

Fotos: AFP


Comentarios (1)add
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escrito por Andres , febrero 16, 2017
2-1-6-1, jajaja, qué rico estafador eres.
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