Foto: AFPAl minuto 110', el madridismo vivió su momento más feliz en 12 años. Gareth Bale con un cabezazo unía al pueblo albo y le daba la ventaja que terminaría en goleada 4-1 al entregado Atlético.

 

No hay mejor escenario para marcar eternamente a un club que una Final de Champions League. No existe mejor ocasión para refundar valores y fortalecer la identidad. Tampoco hay mejor relato que el de Aldo Ramírez en la cabina de DeChalaca Radio para vivir el derby madrileño más esperado de todos los tiempos. Se repetía una figura clásica del fútbol. David versus Goliat. El gigante versus el pequeño. La billetera más gorda de Europa versus el equipo recuperado de una reciente crisis. Se puso en juego la esencia actual del fútbol. La individualización ante la colectivización de fuerzas y virtudes.

Lisboa no quería saber más sobre maldiciones. Esperaba la bendición que le darían ambos técnicos, porque fuera de estilos, errores o aciertos, Carlo Ancelotti y Diego Simeone no especularon un segundo. Dejaron cualquier amague de mezquindad y pusieron sus argumentos a servicio del juego y el público. Porque para empezar a ganar las finales, hay que jugarlas, ir al frente y merecerlas. En Lisboa uno hizo más que otro, mas ambos daban la talla para levantar la Orejona. Real y Atlético no titubearon, ni dudaron, aunque el colchonero cedió ante las ansias y al merengue por momentos le sobrepasó la presión por la décima.
La Champions quedó en manos de Real Madrid luego que Gareth Bale culminó una gran acción de Angel di María para voltearle el marcador al Atlético (Foto: Sportsfile)
El Real de Ancelotti, vertical, punzante y arrollador como Sergio Ramos para conectar a los 93'+ cuando la décima se iba a quedar en novena. Con su descomunal velocidad por Bale y Cristiano. Que también hace las posesiones cortas y en ocasiones apresuradas. Con una propuesta elástica, que suele proporcionarse correctamente según la zona del campo, dirigido por Luka Modric. A su vez, el Atlético de Simeone, con más elaboración, triangulando en espacios cortos para fabricar otros más amplios. Con Juanfran y Filipe Luis en fantástico nivel táctico. Un equipo para el balón dividido, que soporta el roce y se sostiene en el toque. Frontal a su manera. Con una cautela que liquida. Sufriendo quizá ese instinto asesinó ausente de Diego Costa para finalizar.

Atlético empieza a despertar del sueño tan vivido que tuvo porque ya construye una realidad de la que todos estamos agradecidos, porque desindividualiza el fútbol y lo convierte en esperanza para quienes no creen en el uno más diez, sino en el once completo. Equipo inolvidable y lleno de héroes que estuvieron a 2' de ser leyendas. Diego Godín entre ellos quien abrió la cuenta a los 35' y fue el más destacado del cuadro colchonero.

Real Madrid, en cambio, empieza a reforzar ese madridismo con una décima, despierta de la pesadilla que lo persiguió durante 12 años. La identidad del equipo más ganador del mundo se vuelve a engrandecer como merece la historia, como lo exigen los Di Stefano, Hierro y Raúl. Real Madrid recobra la memoria en el minuto 110 con Gareth Bale y un cabezazo que sabe a merengue.

Fotos: AFP, Sportsfile

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