• EL CAPO. Didier Drogba culminó una Champions inolvidable. El marfileño fue la figura indiscutible de la Final y del torneo. (Foto: AFP)
  • LA CLAVE. Chelsea supo tapar a Arjen Robben y Franck Ribery cuando hacían diagonales. El buen trabajo de David Luiz, Obi Mikel y Gary Cahill fue influyente. (Foto: AFP)
  • EL DUELO. Mario Gómez fue uno de los que más insistió en ataque para el Bayern teniendo las situaciones de gol más claras, y se encontró en varios momentos con la dupla de Cahill y David Luiz. Choque de gigantes. (Foto: AFP)
  • EL CAMBIAZO. Jups Heynckes quiso cerrar el partido y mandó a Daniel van Buyten sobre el final, pero Roberto Di Matteo inmediatamente contestó con Salomon Kalou quien fue vital para el gol de Didier Drogba minutos más tarde. (Foto: AFP)
  • LA JOYITA. Por el contexto, el gol a los 88' de Didier Drogba influyó en lo que vendría luego para el Chelsea. (Foto: AFP)
  • EL JUGADÓN. Franck Ribery a pura gambeta ingresó por el borde del área y casi anota sobre la valla de Cech. (Foto: AFP)
  • LA CANCHA. El Allianz Arena tuvo un marco digna de una final y de dos hinchadas que vivieron a mil el partido, sobre todo los hinchas de Chelsea que llenaron de banderas el estadio alemán. (Foto: AFP)
  • KAZUKI ITO. Una gran actuación de Pedro Proenca pasó desapercibida para bien, dejando que el espectáculo se desarrolle normalmente. (Foto: AFP)

 

El capo: Gloryland

Actuación divina la de Didier Drogba. Más que consagratoria, fue la perfecta revancha personal para un jugador con envidiable palmarés, pero al cual el destino lo había enmarcado con varios desencuentros (a nivel de selección y también con su propio club). Esta noche, en Munich, el marfileño emprendió solitario en punta, muchas veces abandonado por el español Juan Mata, y con escasas chances de sorprender al meta Manuel Neuer. No obstante, el '11' de los blues apareció como una ráfaga en el momento en que más lo necesitaba su equipo: cuando estaba con el marcador en contra y el tiempo ya estaba llegando al límite. Drogba, con un espectacular cabezazo a los 88', silenció el Allianza Arena con el 1-1 y, posteriormente, se encargó de sentenciar la tanda de penales con el disparo que estableció el 3-4 decisivo. El africano, por fin, tocó la gloria.

La clave: La eterna discusión

Como era obvio, Bayern fue el que propuso en el Allianz Arena; al menos eso se evidenció en los pasajes iniciales de la contienda. Los hombres de Jupp Heynckes, con su tradicional 4-2-3-1, apostaron por el desequilibrio de Ribéry y Robben, y de hecho la función de este último matizó la verdadera intención del conjunto bávaro: ganar el partido por los extremos. Sin embargo, con el correr de los minutos, a Bayern le comenzó a costar la penetración a su rival, y es allí el momento en el que Chelsea destacó por la fortaleza de su bloque posterior. Con un David Luiz eficiente -aunque rústico- compenetrándose con Gary Cahill casi a los tropezones, y con la notable performance de John Obi Mikel, que esta vez se mostró como un todo terreno. Todos estos argumentos de los blues, en cierto modo, equipararon la cancha, y pese a las situaciones que surgieron en los minutos posteriores, marcó la pauta de que, no siempre jugando bonito -o haciendo el intento- se ganan los partidos.

El duelo: A lo macho

Aunque se mostró muy torpe durante todo el partido, Mario Gomez fue el jugador más incisivo en Bayern Munich; de hecho, el ex Stuttgart tuvo las situaciones más claras en territorio londinense, pero siempre se encontró con una piedra en el camino. En ese sentido, es necesario destacar una vez más la labor de David Luiz y Gary Cahill, la pareja de centrales que incomodó y entorpeció al atacante germano. Demás está decir que Gomez no estuvo aplicado y varios de sus ejecuciones no tuvieron dirección.

El cambiazo: Ups Heynckes

Bayern ganaba con el tanto de Thomas Müller a los 83' y decidió conservar el marcador; por tal razón, mandó al terreno de juego al belga Daniel van Buyten (en lugar del autor del gol). A la par, el italiano Roberto Di Matteo puso toda la carne en el azador y mandó a un atacante neto como Fernando Torres en lugar del ineficiente Salomon Kalou. No pasó ni un minuto y Didier Drogba igualó la contienda. A partir de ese tanto, y durante todo el suplementario, Bayern tuvo escasa potencia en ofensiva y apeló a la desesperación. El delantero español, en cambio, fue un verdadero apoyo para Didier Drogba (que dejó de estar solitario) y, con su aporte, se estableció la media necesaria para que la final no luzca desequilibrada.

La joyita: Con furia

El 1-1 de Didier Drogba fue determinante. Por la forma y el contexto en el que se produjo. Chelsea tenía todas las cartas en contra y por ello ya se empezaba a calentar los festejos en Munich. Pero apareció el milagroso tiro de esquina a los 88', y la fulgurante aparición de un delantero que hoy se vistió de crack. De hecho, Manuel Neuer no pudo hacer nada para contener el balazo del marfileño. A partir de ese momento, pues, se empezó a labrar la historia del campeón de la Champions.

El jugadón: Sin fortuna en gala

Sobre el último cuarto de hora del segundo tiempo, y tras desaprovechar innumerables ocasiones de anotar, Bayern frotó la lampara y por poco anota vía una jugada digna de esta clase de definiciones. El autor de dicha acción fue Frank Ribéry, quien se filtró en el borde del área y, tras zigzaguear a la retaguardia inglesa, intento sorprender a Petr Cech con un disparo que rebotó en un rival, pero que por poco sorprende al meta checo.

La cancha: Ejemplo mundial

El Allianz Arena de Munich tuvo un marco apoteósico, como era evidente, y destacó notablemente tras el final del partido. Bayern, que actuó en casa por cuestiones propias del torneo, perdió la definición, pero su afición (el 70% de espectadores) jamás abandonó las graderías: se quedó hasta el último instante con un compartamiento plausible.

Kazuki Ito: Impercetible proeza

La labor del árbitro portugués Pedro Proença (y la de todos sus asistentes) no reviste mayor análisis: una actuación a la altura de las circunstancias: muy fino en los cobros, eficiente con el desarrollo del espectáculo y atento a la hora de sancionar la falta de Drogba sobre Ribéry dentro del área, la cual derivó en el penal que erró Robben. Se trata de un juez de talla mundial.

Fotos: AFP

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