La Champions es el lugar donde las estrellas se reúnen, y no solo con el propósito de brillar para que el mundo entero las aprecie. También es aquel espacio que, como galaxia que domina el universo fútbol, acaba determinando las condiciones en que todo el planeta hará girar el balón en los próximos 365 días.

Guardiola bromea con Alves en Wembley: el estilo distendido y seguro de su propio arte. (Foto: Reuters)Sí: así como el Mundial marca tendencias cada cuatro años, la Champions establece algunas otras cada mayo. Por ejemplo, piense el lector cuántas veces escuchó en los últimos meses, ante un partido de cualquier categoría en que un equipo empleó un sistema de defensa a ultranza, algo así como "ese técnico es un Mourinho". El portugués dejó, con su Inter campeón de 2009/2010, un estilo plasmado que es de conocimiento convencional para cualquier hincha promedio hoy. La final de Europa, pues, es un punto de inflexión.

El partido de este sábado, en esa línea, reúne todas las condiciones para marcar un hito en la historia. No se ven las caras solo los dos mejores equipos de esta Champions: son también los dos mejores equipos de los últimos años. Dos equipos de escuelas serias, pero distintas. Dos equipos de indubitable abolengo actual, pero que supieron sufrir muchísimo a lo largo de sus respectivas historias para alcanzar el sitial que hoy ocupan en el imaginario colectivo. Dos equipos de esos cuya fama trasciende las fronteras, que recolectan hinchas apasionados por todas partes del orbe. Y encima, se verán las caras en el templo más sagrado de todos los posibles: ese llamado Wembley.

¿Por qué dos escuelas? Porque a un lado está Pep Guardiola con una orquesta que pareciera saber un libreto de memoria tan, pero tan bien que casi no tendría que aplicar metodologías muy profusas para ponerlo en práctica. Un equipo que hace simple el fútbol y, sobre la base de esa sencillez, les hace compleja la vida a los demás. Que no tiene paradigmas tácticos enrevesados y que se dedica a jugar bien, que es más que solo jugar bonito. El Barca, acaso el equipo que mejor les cae gratuitamente -esto es, sin una razón de ubigeo- a más personas en el mundo, es más parecido en la práctica a sus propios Toons, esos personajillos divertidos que entretienen. Ese es el mensaje de esta fantástica generación catalana, la de Puyol, Xavi e Iniesta: en la cancha, dedícate a producir arte. Sé tú mismo y sé feliz. Y sé campeón, por cierto.

Ferguson en la charla con Park: ciencia en todo momento, incluso en Wembley. (Foto: AFP)Por el otro lado están Sir Alex Ferguson y sus más de dos, cerca de tres décadas en un mismo banquillo. Un club que va contracorriente en un mundo donde todo se hace cada vez más rápido y la estabilidad laboral se perdió junto con todos los conceptos que cayeron de la mano del Muro de Berlín. Ferguson es el creador, ejecutor y garante de un viejo proyecto futbolístico que está sempiternamente maduro; pero solo en el sentido de solidez del término, porque los actores se renuevan, el libreto se moderniza y todo se adapta a la velocidad de estos tiempos. Manchester United es el resultado de un método de prueba y error: de entender que así como existe un Cristiano Ronaldo que explota rápido también hay un Nani que puede demorarse en explotar; de no desesperarse si se contrata un Fangzhuo Dong para abrir el mercado chino y ello no se traduce en un goleador, porque a la vez existe un Park Ji Sung que también viene de Asia y sí se traduce en un motor de juego. Es la paciencia hecha ciencia; es "el" equipo de Sir Alex, que también juega bonito, pero sobre todo juega bien.

Así, pues, la ciencia y el arte se topan este sábado 28 en la Catedral. Ya se vieron las caras hace dos años y Barcelona ganó por inspiración. Si este sábado el triunfo vuelve a ser culé, llegará por la misma razón; si la victoria es, más bien, de color rojo endemoniado, será así por transpiración. Es el corolario perfecto para enviarle un mensaje al universo fútbol de cómo deben seguir haciéndose las cosas en los próximos años, y acaso para iniciar nuevos ciclos en alguna de las tiendas. Es, en cierto modo, el fin de la historia, y no por algún mensaje apocalíptico; es solo el final perfecto de esta era que hemos vivido en los últimos años y que abrirá una nueva a la vera del que este 2011 demuestre ser el mejor.

Fotos: AFP, Reuters

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