Foto: rpp.com.pe / Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com

La Sub-17 dirigida por Juan José Oré fue la protagonista estelar de la gran alegría futbolística del año: clasificó al Mundial de su categoría por méritos propios y logró llegar hasta los cuartos de final. Un puñado de jóvenes se convirtió en el depositario de la atención y las ilusiones del aficionado y abstrajo al país del entorno viciado que afrontó el fútbol durante 2007.

Acabada la cena navideña y repartidos todos los regalos acompaño a mi primo a reventar cohetes al parque. Allí me encuentro con un grupo de amigos y entre ellos saludo a uno al que jocosamente le decimos jotita; le gusta jugar fútbol y siempre lo vemos con su buzo. Otro amigo también tiene su chapa originada en el boom de esta selección juvenil: su cabeza pelada y su pequeño cuerpo encajan perfectamente con el apodo de ‘Huevito’. La moda llegó a todo el país y, casi terminado 2007, sus impulsores se han ido independizando debutando en sus respectivos equipos.

La hazaña se expandió más allá del ambiente futbolístico y todo el país, amigas y abuelitas incluidas, conoció a los famosos jotitas, más allá de que muchas de ellas jamás hubieran visto jugar al extraordinario goleador que fue Juan José Oré, ahora convertido en exitoso estratega, cuyo apelativo daba origen al mote. Entre ellos destacaron algunos nombres más que otros, como los de Alonso Bazalar, Éder Hermoza, o el ‘Huevo’ César Ruiz; pero sin duda, la gran estrella de esta selección ha sido Reimond Manco. Como si fuera un cantante de un grupo juvenil, su popularidad entre el público femenino es amplia, y la afición de Alianza Lima ya le ha cogido cariño puesto que ha demostrado su calidad como figura en varios partidos del equipo blanquiazul.

Desde el primer partido del Sudamericano de Ecuador, con una inesperada victoria a Brasil en medio de la indiferencia casi general en la previa, los jotitas empezaron a ser noticia: nadie los conocía ni mucho menos se los consideraba capaces de una clasificación. Un gol de chalaca -no podía ser de otra manera- del ya debutante en Boys Christian La Torre dio la primera alegría a esta selección, luego de que Manco la hubiera puesto en ventaja y Hermoza lograra atajar un penal, en circunstancia emotiva por lo inesperada hasta para los propios brasileños (Video 1: You Tube / Usuario: kaiserbarna). Luego, el golazo del ‘Huevo’ Ruiz frente a Venezuela y el empate ante Ecuador tras grueso error del portero norteño convertían en más que una ilusión el pase al Mundial. Los jotitas ganaban adeptos y eran el tema estelar de conversación en cualquier contexto. Bastó un empate ante Argentina para finiquitar la hazaña: el penal convertido por Daniel Sánchez lo celebró todo el país. No se trataba una categoría absoluta, pero alguien podía permitir al fin decir que una selección peruana de fútbol volvía a un Mundial.

Tras una serie de amistosos con buenos augurios, los jotitas quedaron listos para afrontar un grupo con rivales de ligera dificultad. El anfitrión Corea del Sur, Togo y Costa Rica. Al pueblo peruano no le importaría despertarse al día siguiente con ojeras con tal de seguir a la selección desde su propia casa; fuera con el café madrugador o comiendo un gran sándwich a la vuelta de la juerga, cualquier lugar era bueno para festejar los triunfos. El hijo del volante de Cienciano ‘Juanca’ Bazalar, Carlos Alonso, llegó a convertirse en aquellos días en personaje más famoso que su padre: su gol en la victoria a Corea y otro frente a Costa Rica lo convirtieron en figura. La selección ya tenía otra estrella y el pase hacia octavos a la cabeza del grupo estaba sellado. Frente a la impronunciable Tayikistán, un gol de Manco fue rápidamente empatado, pero la lotería de los penales fue favorable gracias a la definición del huanuqueño Irven Ávila.

La alegría peruana era generalizada y los más optimistas ya hablaban de llegar a instancias finales, pero el escollo siguiente sería demasiado duro. En cuartos, Ghana fue claramente superior a la selección, más allá de los repetitivos comentarios acerca de supuestas adulteraciones en las edades de sus jugadores. A la gente, igual, ya le sobraban los motivos para celebrar: los jotitas fueron recibidos en el Jorge Chávez como si hubieran campeonado y pasaron por cuanto homenaje resultara imaginable, con la pompa acostumbrada en nuestro medio (Video 2: You Tube / Usuario: emmanuellima).

Pero al margen de la parafernalia, lo trascendente fue que esta vez el éxito llegó de las manos de unos jóvenes valores que impresionaron a todos. Jóvenes con ganas de jugar al fútbol, con orgullo de sentir la blanquirroja en el pecho. Sin caer en lo desubicados que pueden estar quienes claman alinear a los jotitas en partidos eliminatorios, es cruel pero inevitable la comparación del fenómeno generado por estos adolescentes con el año ofrecido por la selección mayor. Y es que cuando las noticias se generan en el campo, el fútbol se pone fiesta y un año se cierra con sonrisas, gracias al mejor regalo que pudo recibir este 2007 una afición ávida de triufos.

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